27 de juny 2020

“Ser blanca me hace más difícil entender por lo que pasan mis hijas”

Cuando Maruxa, blanca, pasea con sus hijas, negras, muchos desconocidos asumen que las niñas son adoptadas. Este es sólo uno de los prejuicios a los que se enfrenta cada día esta madre que ha redescubierto a través de su familia interracial que el racismo aún pervive en nuestra sociedad. Que en el cole se burlen de su melena afro o su piel oscura, o la dificultad para encontrar cuentos con princesas sin pelo liso son algunos de los escollos hacia su gran objetivo: que sus hijas se acepten a sí mismas tal y como son.

Maruxa Martínez (Barcelona, 1976) trabajó una temporada en Londres y allí conoció a su pareja, Yomi, un británico de origen nigeriano. Pronto se mudaron a Barcelona, donde se establecieron. “Me gustó en cuanto lo conocí, y no me planteé que la raza sería un problema – confiesa Maruxa-. Mi madre me decía que si algún día teníamos hijos, su vida sería más difícil… pero pensé que ya nos encontraríamos los problemas cuando llegasen”. Para la familia de él, en cambio, que se casara con una chica de otra raza no era sorprendente: Yomi creció con una familia de acogida blanca y tiene hermanos blancos y negros. “Es una familia tutti colore: mis hijas tienen primos blancos, negros y racialmente mixtos”, explica Maruxa.Maruxa, barcelonesa, y su marido Yomi, británico de origen nigeriano

Maruxa y Yomi han tenido dos hijas, de piel oscura y una llamativa melena afro. “Cuando eran bebés la gente me decía: ‘¡qué bien, qué pequeñas te las han entregado!’, asumiendo que eran adoptivas. Y los que sabían que eran biológicas me decían: ‘Qué guapa la nena… ¡pues no te ha salido muy negra!’, lamenta Maruxa.

Con 6 y 8 años, las niñas ya han sufrido episodios de microracismo. «¡Eres fea con ese pelo!», les han dicho en la escuela

Las niñas, que sólo tienen 6 y 8 años, ya han sufrido episodios de microracismo. “Sus amigas les han hecho comentarios del tipo «eres fea con ese pelo’, o ‘porque tu piel es oscura’. Parecen comentarios sutiles, ‘cosas de niños’, pero tienen un efecto importantísimo en su autoconfianza -dice Maruxa-. En su misma escuela, otra niña de origen africano tuvo una experiencia similar cuando sus amigas sólo la dejaban jugar si ‘hacía de criada’.

Las hijas de Maruxa, de 6 y 8 años, ya han sufrido episodios de microracismo en la escuela

Incluso las personas que dicen que las niñas son muy guapas y que tienen un pelo precioso, acompañan estos comentarios positivos con miradas y toqueteos continuos a su pelo cuando lo llevan natural -explica Maruxa-. Esto es muy molesto para ellas y hace que les dé vergüenza llevar el pelo afro. ¿Por qué tienen que tocarles el pelo?”.

«Mi marido es el encargado de cuidarles el pelo. Para él es importante que se sientan negras, porque es como la sociedad las percibe»

Y es que el cabello es un importante símbolo de identidad para las personas negras. “Mi marido es el encargado de cuidárselo: quiere que aprecien su cabello afro, tal y como es. Para él es muy importante que las niñas conozcan sus orígenes y que se sientan negras, porque es como la sociedad las percibe. Las niñas querrían tener el pelo liso como sus compañeras del cole: cuando hacen dibujos y se representan a sí mismas con melenas lacias, nos entristece porque sabemos que lo hacen porque se ven distintas y quieren sentirse aceptadas”. Por eso, la pareja busca continuamente cuentos, películas y juguetes donde aparezcan niñas negras, referentes para que las niñas puedan sentirse aceptadas tal y como son.El marido de Maruxa cuida el pelo afro de las niñas, un importante símbolo de identidad para las personas negras

La mayor preocupación de los padres es sin duda que las niñas sean discriminadas por sus propios amigos y, sobre todo, que no se acepten a sí mismas. “Ahora están integradas en Barcelona, donde vivimos, pero sé que a medida que crezcan será más difícil. Mi estrategia es normalizarlas: ‘¡sois iguales que las demás niñas!’ En cambio, la estrategia de mi marido es empoderarlas recordándoles que son diferentes del resto, pero que diferentes no significa inferiores ni superiores; que la diferencia es algo a celebrar. Ambos compartimos el mismo objetivo, que sean felices, pero partimos de estrategias distintas porque, inevitablemente, por lo que hemos vivido cada uno, nuestros puntos de vista a menudo difieren”, reconoce Maruxa.

«Tengo un marido y dos hijas negras, pero a veces yo misma me descubro siendo racista»

Es fuerte que diga esto yo, que tengo un marido y dos hijas negras, pero debo confesar que a veces ¡yo misma me descubro siendo racista! Todos decimos que no lo somos, pero ¿cuántas veces vemos a una persona negra y asumimos prejuicios, por ejemplo pensar que no tiene trabajo? Es casi inconsciente; siendo blancos y viviendo en una sociedad tan homogénea casi hay que hacer un esfuerzo activo para no tener este tipo de recelo o desconfianza, y la mayoría de personas blancas sencillamente no lo hacen, quizás porque ni siquiera se dan cuenta de tener estos prejuicios. Es lo que se llama el ‘privilegio blanco’ – apunta Maruxa -. Son los pequeños ‘privilegios’ que damos por supuesto para todos, por ejemplo que nadie asuma que eres un ladrón tan sólo mirándote, pero que en realidad es un privilegio que sólo poseemos los blancos”.

A las personas negras no se les presuponen estas mismas ‘bondades inherentes’. “Eso me hace pensar que, cuando sean mayores, la sociedad también verá a mis hijas con estos prejuicios”, lamenta Maruxa. Su marido, profesional altamente cualificado, también ha vivido este tipo de miradas. “No ha sufrido racismo explícito (insultos o agresiones) pero sí detalles que a mí me pueden incluso pasar desapercibidos, como ir a un concierto y que sea el único al que le piden la entrada porque piensan que se está colando”, lamenta. De nuevo, un sutil ejemplo del “privilegio blanco”.El marido y las niñas de Maruxa son negros, pero a veces se sorprende a sí misma con pensamientos discriminatorios

Este microracismo o racismo no explícito, sutil, está tremendamente arraigado en nuestro país, según Maruxa, que añade que uno no lo ve hasta que no lo vive en su propia piel, o bien en la de sus hijos y seres queridos. “Las únicas personas blancas que conozco realmente concienciadas de esta problemática son las que tienen parejas o hijos negros”, dice.

«Mi marido no ha sufrido racismo explícito pero sí detalles como ir a un concierto y que sea el único a quien pidan la entrada»

El marido de Maruxa sueña con vivir una temporada en Reino Unido para que las niñas estén cerca de su familia paterna, y también porque piensa que las personas negras están más integradas en su país. “En Barcelona cada vez hay más personas negras, pero aún es difícil encontrarlas ejerciendo puestos de trabajo cualificados, como médico, o profesor”, reconoce Maruxa.


A diferencia de la mayoría de familias adoptivas, en una maternidad interracial como la de Maruxa el padre es negro y por tanto conoce en primera persona la realidad a la que se van a enfrentar sus hijas.

  “Yo nunca he pasado ni pasaré por los problemas con los que ellas se van a encontrar por ser de una minoría étnica, y así es difícil ponerme en su piel. ¿Cómo podré ayudarles a resolver obstáculos que yo nunca he vivido? -se pregunta-. Para mí, es un reto y un aprendizaje continuo”.

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