diumenge, 23 d’agost de 2015

Encendedores, otra modalidad para alucinar

Comerciantes del Centro de la ciudad de Córdoba aseguran que adolescentes inhalan gas butano o benceno. Se trata de una práctica difundida en Buenos Aires y en otras partes del mundo.


Llegaron hasta la ventanilla del quiosco, solicitaron un par de encendedores y volvieron a la vereda. Allí mismo, los rompieron dentro de una mochila y rápido inhalaron. Por un largo momento quedaron como atontados, como si estuvieran en otra parte.

Se trata de una nueva tendencia detectada en los últimos tiempos en la ciudad de Córdoba. Adolescentes y más grandes que inhalan gas butano o benceno con el objetivo de experimentar alucinaciones rápidas y pasajeras. Una peligrosa metodología que se suma a una vasta serie de diferentes consumos en busca de “sensaciones novedosas” (ver Intoxicados...).

Nos conmocionamos al ver a dos jóvenes sentados en la puerta de la lotería inhalando el gas de su mochila. Es terrorífico pensar que sus padres los mandan al Patio Olmos a divertirse, a tener tiempo de ocio con sus amigos, y terminan en una esquina desmayados”, resumió vía correo electrónico una comerciante del Centro de la ciudad de Córdoba aún sorprendida por esta nueva práctica.

“No se pueden ni levantar cuando terminan”, graficó.

“Es por ese motivo –agregó– que no vendemos más a menores de edad, pero lamentablemente hay adultos que consumen y que les compran a estos adolescentes”.

Fatal. En diciembre de 2011, una adolescente de 16 años murió en Villa Carlos Paz por inhalar este gas, según trascendió en ese momento.

En aquella oportunidad, el especialista en adicciones Alfredo Miroli señaló a la prensa que el gas butano estaba siendo utilizado por “grupos suburbanos como los ‘floggers’ como si fuera fashion”.

Si comparás la letalidad del ‘paco’ (el veneno que hace estragos en el conurbano bonaerense y que se obtiene del desecho de las ‘cocinas’ de cocaína), es agua destilada al lado del butano”, alarmó.

En Capital Federal y Buenos Aires, desde hace ya unos años se viene alertando sobre este uso del gas, que es común encontrar en los encendedores y que deriva su nombre del latín, manteca (por su fermentación cuando se pone rancia). En Chile, un joven de 18 años murió en agosto de 2011 tras inhalar este gas y consumir bebidas alcohólicas. En medio de la mezcla, sufrió un infarto.

En Estados Unidos y Europa, su utilización entre los jóvenes para lograr efectos alucinógenos data de hace más tiempo, según se puede rastrear en publicaciones de diferentes medios de esa parte del mundo.

Se trata de un gas incoloro e inodoro pero que aparece perfumado de manera artificial para lograr, de este modo, que se pueda identificar en caso de producirse alguna pérdida.

Alucinación rápida. El jefe de Toxicología del Hospital de Urgencias, Daniel Gómez, consultado por este diario acerca de la inhalación de gas butano, aseguró que conocía de esta metodología, aunque apuntó que no se trata de una modalidad extendida.

Al respecto, argumentó que, entre otros motivos, los jóvenes prefieren, por razones económicas, continuar con la fana o probar inhalando nafta o querosén.

En el caso del gas butano, lo que produce es una alucinación rápida, es tóxico y muy volátil, genera una irritación en el cerebro que se llama hipoxia”, describió el especialista.

La hipoxia cerebral se trata de un reducido suministro de oxígeno al cerebro. En caso de tratarse de una situación a largo plazo o periódica, resultará en la muerte de neuronas.

Para Gómez, es muy difícil saber en una consulta médica si el paciente inhaló gas butano u otra sustancia, ya que “así como entra, sale”, a raíz de su volatilidad. “Por eso –explicó–, los jóvenes buscan sustancias que les generen una alucinación más larga”.

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