Cómo ganar amigos e influir en las personas por Oscar Avila, Antony Barbera

Hacer amigos e influir en personas es más que una cuestión a resolver con un libro de auto ayuda. Es una meta que la mayoría de nosotros compartimos y requiere paciencia, práctica y una personalidad fuerte. Lee los consejos a continuación para aprender cómo hacerlo de la mejor forma posible.

Cuida tu apariencia
Vístete a tono con la situación. Piensa en los disfraces. La gente se disfraza para representar a alguna otra persona que los demás reconocerán fácilmente, sea un zombie, un bombero o una novia. De hecho, cualquier cosas que vistes en esencia es un disfraz. Dice mucho de ti a los ojos de cualquier persona que te vea. Utiliza tu ropa para dar una imagen de ti mismo que muestre a las personas lo que buscan en un amigo: confianza, felicidad, estabilidad, etc.
Para ponerlo en pocas palabras, esto implica vestir ropa limpia y atildada, prendas que combinen en colores y diseños y se complementen. Esto demuestra que tienes la suficiente autoestima como para pensar en tu apariencia, te encargas de mantenerla y tienes la suficiente confianza como para no esconderte o escaparte.

Mantén la higiene. A la distancia de un apretón de manos y de más cerca, la diferencia entre una higiene deficiente y la higiene adecuada es evidente. Si quieres conectar con las personas tendrás que acercarte a esa distancia, por lo que cabe mantener tu cuerpo tan limpio como tu ropa. Date una ducha todos los días, lávate el pelo entre 3 y 5 veces por semana. Cepíllate los dientes por lo menos dos veces al día y utiliza el hilo dental antes de dormir. Lávate la cara, péinate y usa desodorante. Ten en cuenta también otras cuestiones como el largo de tus uñas y, en el caso de los hombres, cuida también de tu barba.
Las mujeres pueden elegir afeitarse o depilarse los brazos y piernas según su preferencia, pero ten en cuenta que algunas personas creen que no afeitarse o depilarse es un síntoma de falta de valoración de sí mismo. Para llegar al mayor número de personas posibles, lo mejor es afeitarte o depilarte.

Cuida de tu cabello. No importa cuán largo sea, debes mantenerlo en condiciones tú misma o que un peluquero lo haga. Asegúrate de que siempre se vea prolijo, aunque cuando estás en tu casa lo uses de forma diferente.

Mantén tus propiedades. Más específicamente tu casa y tu vehículo (si ya tienes uno) son lo más importante que debes mantener. Nunca sabes cuándo tendrás visitas inesperadas o quién te verá cuando subes o bajas de tu auto. Además, cuidando tu entorno te sentirás mejor con tu vida en general.
Deberías lavar tu auto todos los meses, manteniendo limpios los asientos y el piso. También debes hacerlo ver por un mecánico respetando las revisiones periódicas, junto con los cambios de aceite y la rotación de los neumáticos. Si tienes una bicicleta, lávala todos los meses y llévala a una tienda para que la revisen.
Tu casa debe estar siempre ordenada y tan prolija como puedas. Lava los platos y la cocina después de comer para evitar que se amontone todo. Lava la ropa tan seguido como puedas, y quítala del medio una vez que está limpia. Si tienes un jardín, quita los yuyos periódicamente. También toma la precaución de emprolijar La entrada y acceso de tu casa.

 
Controla tu lenguaje corporal. Se ha dicho muchas veces porque es cierto: el lenguaje corporal es una forma de comunicación muy fuerte entre las personas. Esto se debe a que es muy difícil fingirlo y a que revela estados emocionales del momento. De muchas formas, observar el lenguaje corporal de una persona cuando habla puede decirte más sobre esa persona que lo que está diciendo. Por esta razón es tan importante hacer todo lo que puedas para emplear tu lenguaje corporal para conectar con las personas.
El lenguaje corporal es complejo y depende mucho del contexto: la misma postura o movimiento puede terner diferentes significados según quién, dónde y cuándo lo haga. En vez de intentar interpretar el lenguaje corporal de todo el mundo, intenta hacer el tuyo claro y comprensible. Controla lo que está a tu alcance y descarta todo lo demás. 

Muévete resuelto y sin dudar. Esto no significa que debes hacer movimientos rápidos y repentinos, sino más bien que debes cuidar que todos tus movimientos denoten confianza. Cuando das la mano a alguien, aprieta con firmeza. Camina a tu ritmo, sin tropezar ni encorvarte. Mueve tus brazos al caminar.

Cuida tu postura. Lo dicen las maestras de primario cientos de veces al día, pero la postura es fundamental. Tus hombros deben descansar relajados, manteniendo tu espalda erguida. Tu cuello debe seguir la línea de tu columna vertebral. Una postura adecuada no solamente demuestra confianza y auto estima, sino que también te permite respirar mejor y reduce el riesgo de sufrir dolores de espalda al envejecer.
Utiliza tu rostro a tu favor. Si los ojos son las ventanas al alma, tu rostro es una compuerta por abrir. Haz siempre tu mejor esfuerzo por sonreír genuinamente, haz contacto visual (sobre todo cuando alguien te habla), y permite que tu rostro se vea animado, demostrando sinceridad y empatía. La gente prefiere a las personas que sonríen y ríen todo el tiempo antes que alguien que parece serio o distante.

 
Mantente activo. Incluso un cuerpo falto de salud tiene un aire de salud cuando la persona busca vigorizar su espíritu. Ejercítate regularmente todo lo que puedas, y come modestamente. Si tienes algún problema intentando arreglar algún inconveniente acomodando tus horarios, recuerda que cualquier esfuerzo es mejor que ningún esfuerzo. Incluso unos pocos minutos de ejercicio después de despertarte o al volver del trabajo te ayudarán a mantener una buena postura, controlar tu lenguaje corporal y tener más energía.

Ganar mentes y corazones

 

Pule un poco tu retórica. Los buenos oradores van y vienen, pero pocos han dejado una impresión más fuerte que Aristóteles, el gran filósofo griego. Su aproximación a la retórica, escrita unos 2500 años atrás, es todavía uno de los marcos de trabajo más útiles para decidir cómo maximizar la persuasión en todo lo que quieras decir. Aristóteles divide los elementos de cualquier argumento persuasivo en tres partes esenciales. Combinándolas todas armónicamente, podrás preparar una argumentación irresistible.
Crea una fuerte identidad con “logos”. “Logos” es la claridad, organización y coherencia interna de lo que tienes que decir. Los discursos que están atravesados por el logos no pueden ser forzados para decir algo más de lo que quieres decir. Cualquier intento de alguna persona por desarmarlo solamente jugará en contra de ella y no afectará tu argumento.

Añade credibilidad y verosimilitud a lo que digas utilizando “ethos”. “Ethos” es el fundamento ético de tu argumento, el cual generalmente se refleja en el tono y el estilo en que lo dices al igual que tu presencia (y reputación, si ya cuentas con una). Los discursos que emplean “ethos” nunca ponen tus convicciones personales en duda, y respaldan la noción de que sabes de lo que estás hablando y se puede confiar en ti.

Agrada a tus interlocutores con “pathos”. “Pathos” es la parte de tu argumento que te conecta con la vida personal de quien te escucha, sus experiencias, sentimientos y deseos. Siendo libre para transmitir emociones a tu interlocutor y añadiendo “pathos” a tu discurso podrás hacer que tu discurso trate tanto de ti como de ellos, haciéndoles sentir que estás involucrado con lo que sea que estés diciendo.

 
Practica la escucha activa. Nada hace que la gente guste de ti más rápido que ser bueno escuchando, pero esto implica más que sentarte y mirar a la otra persona mover los labios. Ser un escucha activo significa utilizar ciertas técnicas que demuestran tu atención. Con práctica, todas estas técnicas se convertirán en una parte natural de ti y las contarás dentro de tu repertorio comunicacional.

Cuando haya una pequeña pausa, incluso en la mitad de la oración, demuéstrale a la persona que la estás escuchando con una pequeña interjección. No abuses de esta técnica o parecerás impaciente. Una vez cada varias frases es lo mejor.
Cuando pienses en una pregunta para hacer que pueda llevar a esa persona a un detalle, hazla. No la interrumpas a mitad de la oración, pero cuanto antes mejor. Esto demostrará que estás tan interesado en lo que te están contando que quieres más detalles.

Utiliza afirmaciones neutrales. Si no estás demasiado seguro de qué pensar acerca de algo que te cuenta, o si estás de acuerdo o no con algo que te dicen, revisa el estado de la otra persona para definir tu postura. Si te mira como si no pudieran creer lo que acaban de contar, diles “¡oh, qué sorpresa!” o algo que permita que ambos queden enlazados sin tener que tomar partido enseguida.

Cuando la historia termina, pregúntale a la persona qué piensan al respecto o cómo se sintió. Después de una anécdota a todos nos gusta dar nuestra opinión.

Después de que la historia ha sido contada, resúmela para que la persona te escuche contándola. Esto le demostrará que lo has estado escuchando atentamente y que comprendiste por dónde iba la historia, y con eso le agradarás. Puedes avanzar en la conversación dando tu opinión. Por ejemplo, supongamos que alguien te cuenta una historia sobre su gato, al cual tuvo que llevar al veterinario por una emergencia. Cuando acabe la historia, di “Entonces, ¿al final tu gato estaba saludable? Bien, con esas cosas nunca se sabe...”
Cuenta anécdotas propias, pero no abuses de ellas. Seguramente estés intentando demostrar simpatía y comprensión, pero la otra persona comenzará a sospechar de ti si todo te conduce a hablar de ti mismo. Modera el uso de historias persona y anécdotas.
Habla bien. La mayoría de las personas suele pensar que sus voces son lo que son, pero esa no es la realidad. Aunque no es posible pasar de soprano a barítono, es posible controlar el tono de tu voz, y añadir claridad a lo que dices.
Canta para aprender a controlar tu voz. Una de las mejores formas de entrenar tu voz es cantar en voz alta. No debes tener buen oído, ni cantar para nadie. Canta en el auto, en tu casa mientras haces cualquier otra cosa. Con el tiempo controlarás a la perfección los sonidos de tu garganta.

Habla en tonos suaves de registro bajo. Esto no significa que debes hacer más profunda tu voz. Simplemente significa que debes imaginar un espacio más grande al final de tu boca y garganta cuando hablas, y hablar para llenarlo. No hables desde tu nariz o con la garganta muy cerrada. Hablar en tonos claros te hará sonar más sabiondo, y hará que tu voz sea mucho más agradable de escuchar.

Dale volumen a tus palabras. No hay necesidad de gritar al hablar, pero tampoco se trata de hablar sumisamente. No reprimas tu voz. Solamente hará que entenderte sea más difícil y también te hará sentir menos seguro de ti mismo.
Utiliza lenguaje comprensible. Solamente por comprender el significado de las palabras que usas la gente no comprenderá automáticamente lo que quieres decir. Cualquiera que haya hablado con un pariente o su pareja acerca de malos entendidos sabe que hay buenas y malas maneras de decir lo que tienes que decir. Aprendiendo algunos trucos de la psicolingüística puedes aprender a decir lo que piensas de una forma tal que no solamente te conecta con tu interlocutor, sino que directamente lo pone de tu lado.

1 Utilizar este lenguaje consiste en cargar con la responsabilidad. Durante una discusión, en vez de acusar a la otra persona de tal o cual cosa, di algo como “ Cuando dijiste/hiciste xxx, me sentí xxx”. Parece algo tonto al verlo escrito, pero funciona muy bien en discusiones reales porque contiene la reacción de la otra persona.

Por ejemplo, en vez de decir “Al decir eso me volví loco”, di “Cuando dijiste eso me sentí enloquecer”. Puedes utilizar este tipo de comunicación para casi cualquier tipo de discusión y te asombrarás al ver los resultados que consigues.

Utiliza el “nosotros”. De esta manera podrás incluir a la otra persona y hacerla sentir relevante. Cuando discutas oportunidades, eventos o trabajos grupales, habla de “nosotros” para afianzar la lealtad entre los que forman parte del grupo. Por ejemplo, en vez de decirle a alguien “¿Quieres hacer algo conmigo este fin de semana?”, dile “¿Hacemos algo juntos el fin de semana?”. Esto hace sentir a la persona en pie de igualdad y le das la posibilidad y el poder de decidir sobre la propuesta.

Dar poder a las personas con las que te relacionas este poder es un camino de ida y vuelta porque se sentirán mucho más predispuestos a devolverte un favor al recordar positivamente lo anterior.

Equipara los ritmos de la gente a tu alrededor. Los hipnotistas utilizan esta técnica para generar un efecto encantador. En principio, esta técnica no implica demasiadas habilidades, pero perfeccionarse lleva tiempo.
Comienza con algún disparador y consigue con preguntas sencillas llegar a la otra persona. A medida que utilizas tus habilidades de escucha, presta especial atención a acentos, repeticiones de palabras y la forma de hablar de la persona.

A medida que respondes y avanzas para pedir lo que quieres, habla más, pero equipara la forma de hablar de la otra persona. Siéntete libro de imitar sutilmente su forma de hablar, sin caricaturizarla. Hablar como hablan otros los relaja y les hace sentir que pueden confiar en ti porque de alguna forma que no pueden comprender son iguales a ti.

Cada vez que adviertes algo sobre el lenguaje corporal de la otra persona, imítalo. ¿Alterna tu peso de un pie a otro? ¿Golpea con el dedo el escritorio mientras espera que se cargue su ordenador? Puedes imitarla y crearás un lazo simpatético todavía más fuerte.

Demuestra buen carácter. Brindar apoyo, ser amable, entusiasta, valiente y confiable son las cualidades que te permitirán lucirte. Estos son los atributos que todos buscan en los demás, las cosas que hacen que las otras personas quieran confiar en ti y escucharte. Comienza con sinceridad y dedicación, dos virtudes difíciles de fingir. Sin embargo, si te concentras en ellas, puedes entrenarte para mostrar esa faceta con mayor frecuencia y mayores libertades que antes.

Realiza afirmaciones todos los días. Suena tonto, pero las afirmaciones funcionan. Solamente piensa en las cualidades que deseas transmitir y repítelas unas cuantas veces para ti mismo. Repítete que las tienes: “Soy una persona amable”, “Soy una persona entusiasta” y así con las virtudes que sea.

Busca oportunidades para demostrar tus mejores cualidades. Muchas veces, debido a malestar con algunas situaciones pasamos por alto la opción más valiente por una que pasará más desapercibida. Pelea contra eso recordándote que debes mantener los ojos abiertos para identificar los momentos en los que puedes equivocarte. Cuando reconozcas que estás camino a ser una persona hastiada o triste, convéncete de que eres la persona que otros quieren tener cerca. Incluso si no modifica la situación, es un gran entrenamiento para tu mente. Tarde o temprano lo internalizarás.

http://es.wikihow.com/ganar-amigos-e-influir-en-las-personas

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