02 de març 2021

Aprendiendo a volar

Susana Martín / ICAL . Yoana Martín Sánchez, responsable del piso del Proyecto Acompaña en Salamanca junto a Mamadou, uno de los beneficiarios del proyecto.

Cruz Roja cuenta con un piso en Salamanca donde acompaña a jóvenes extutelados y en riesgo social que acaban de cumplir 18 años y se ven obligados a emanciparse ICAL

Atravesar el umbral de la mayoría de edad es, comúnmente, una fecha señalada en rojo en el calendario de cualquier adolescente. El paso a la vida adulta. La frontera entre las niñas y las mujeres, los niños y los hombres. Un esperado momento que aparece replicado a menudo de forma consciente en el ideario de la mayoría de jóvenes mientras aún transitan por la pubertad. Supone casi una suerte de rito de iniciación que se celebra con júbilo en el entorno más cercano. Cumplir 18 años supone 'hacerse mayor' y, por eso, ilusiona primero, y enorgullece después. Salvo que sea verdad.

La edad media de emancipación en España está situada en 29 años. Es entonces cuando los ciudadanos pasan realmente a experimentar lo que significa vivir por su cuenta. Por eso, la meta imaginaria que se traspasa con clarines y fanfarrias once años antes no deja de ser anecdótica para una afortunada mayoría. Sin embargo, no es así para quienes dejan de ser menores tutelados, y que para su desgracia, han pasado toda su infancia en centros de acogida. Los sistemas de garantía social ya no contemplan ningún plan para ellos. Existe un vacío asistencial que obliga a buscarse la vida a quienes aún son niños y no saben ser adultos. Los 18, para ellos, es un auténtico abismo.

Tapar ese hueco en las instituciones es lo que motiva el desarrollo del Proyecto Acompaña de Cruz Roja, que en Salamanca cuenta con uno de los dos únicos pisos de emancipación que hay en Castilla y León. Javier Vicente es el coordinador provincial de la institución y quien dirige un proyecto que ha cumplido ya dos décadas de funcionamiento. Vicente aclara que el piso es un "recurso residencial" en el que se desarrolla una "intervención integral" con los seis chicos que ahora mismo moran el inmueble, auqnue también trabajan con otros que, aún cumpliendo los requisitos de ingreso, no pueden estar.

Desde 2001 han pasado por el programa aproximadamente 315 jóvenes. Según recuerda Javier Vicente, durante algún tiempo llegó a haber dos pisos en la ciudad, un alivio para sofocar la demanda de este tipo de ayudas que, por desgracia, nunca dejan de hacer falta. Actualmente está financiado por la Junta de Castilla y León, a través del tramo autonómico del IRPF, y tiene un presupuesto aproximado de 66.000 euros para este ejercicio. Los resultados son difícilmente cuestionables. “Más de dos tercios de los participantes han finalizado su intervención de manera satisfactoria”, resume.

No es decir poco, habida cuenta de que valora el relativo “éxito” del programa en el hecho de que los jóvenes que son capaces de completar la intervención "no tienen apoyo de familiares ni otros adultos para cumplimentar el proceso". Sin embargo, “salen en mejores condiciones y con más oportunidades para emanciparse”. Objetivo cumplido. “No solo porque puedan encontrar más fácilmente un empleo, sino porque tienen una forma de vida, aunque sea a través de las prestaciones a las que tienen derecho”, explica, como la renta garantizada que pueden cobrar hasta los 25 años.

La Junta de Castilla y León, como administración competente, a veces prolonga la estancia de algunos chicos en el sistema de protección, pero el problema fundamental, en opinión del coordinador provincial de Cruz Roja en Salamanca, es el elevado desempleo que asola el país, especialmente en el sector juvenil de la población. “No es que falle nada, pero tenemos que pensar que estos jóvenes necesitan el acompañamiento y recursos como éste son perfectamente válidos. Es cierto que se sienten como en casa, pero ellos son los únicos responsables y les tratamos como adultos. Si no estudian y no se preparan, nadie vendrá con un trabajo”, recuerda.

Sin embargo, Vicente insiste en la falta de oportunidades que aqueja a la mayoría de estos jóvenes. “Somos el país de Europa con mayor desempleo juvenil y eso tiene unas consecuencias. Y los jóvenes que han fracasado en el sistema educativo formal, ven sus posibilidades reducidas mucho más. Si no hay empleo, ni formación, lo único que queda es la calle”, advierte a Ical.

El piso de emancipación de Salamanca es el recurso residencial de Cruz Roja en el que reside un reducido grupo de jóvenes, de ambos sexos, en procesos de extutela o que están en riesgo de exclusión social. Allí conviven durante un tiempo determinado, que suele superar escasamente el año, con el fin de completar un proceso de transición a la vida adulta, potenciando sus capacidades a través de un itinerario de inserción sociolaboral.

Según explica a Ical, Yoana Martín, educadora de Cruz Roja que trabaja en el piso, el modelo de intervención arranca con una fase de acogida en la que conocen a los jóvenes una vez han sido derivados o solicitan una plaza. “Vemos qué es lo que necesitan y empezamos a planificar el proyecto educativo que realizamos con ellos”, comenta. Después llega “el grueso” de la intervención. Empiezan a residir en el piso y a ejecutar lo pactado, siempre de forma "individualizada y consensuada!, antes de iniciar la última fase. La salida, una vezcumplidos o replanificados” los objetivos da lugar a una etapa de seguimiento ya fuera del piso.

El perfil que acude al recurso responde a chicos y chicas entre 16 y 23 años que han estado bajo el sistema de protección a la infancia, o están en riesgo, y carecen de alternativas de inserción o emancipación. “Al cumplir la mayoría de edad, muchas veces están en centros de protección a menores y se encuentran con que no pueden retornar con sus familias. Y no tienen donde ir. Les estamos pidiendo que se emancipen con 18 años, sin contar con apoyos familiares y enfrentándose a ese reto que es la vida adulta”, manifiesta Yoana, quien trabaja en el piso, junto a otra educadora y un equipo de voluntarios.

Allí, al pie del cañón, acompañan a los jóvenes en el desarrollo de lo que llaman el “PPI”, un plan personal individual. “Ellos son los protagonistas. Son mayores de edad, y deciden. Se trata de que vayan afrontando esas decisiones, que vayan aprendiendo y se preparen para la vida adulta. Cada chico o chica que está allí tiene una realidad diferente y unas necesidades distintas, pero trabajamos para que siempre estén realizando algún tipo de formación, o bien un itinerario de búsqueda de empleo. Están aprovechando el tiempo. O estudian o buscan empleo, o combinan ambas”, explica.

La propia Yoana, o bien su compañera, están en el piso de lunes a viernes entre las 8.00 y las 22.00 horas. Por las noches y los fines de semana los jóvenes están solos. “Queremos que tengan ese espacio para que vivan de manera independiente. Al final no es un centro de menores y no necesitan que estemos las educadoras la 24 horas del día. Ellos ya son adultos y se les trata como tal. Es su vivienda. Tienen llaves y entran y salen sin ningún problema”, indica. De igual modo, se les administra el dinero para hacer la compra, cocinan y limpian. Todo se realiza “en clave de autonomía”.

Estos itinerarios, sin embargo, sufrieron modificaciones durante el “duro” confinamiento. “Al final somos una gran familia y, como en cada casa, tuvimos que adaptar todas las rutinas y actividades del día a día a lo que se podía en cada momento”. Entre las nuevas obligaciones, adaptarse a los formación online y multiplicarse para dar apoyo psicológico combatiendo los miedos que surgieron. “Es importante que se relacionen para que vayan tejiendo redes de apoyo social que más tarde les puedan facilitar las cosas”, apunta, ya que “son chicos que no han gestionado nada, ni saben dónde están los sitios”.

Yoana lleva once años trabajando en el piso y atestigua que nunca ha habido problemas de convivencia. “Y si los hay, les enseñamos que cualquier cosa se puede hablar, que los demás tienen sus tiempos y que hay que convivir”. Lo cierto es que excluyen del recurso perfiles que deben encontrar acomodo en otro tipo de intervenciones, como madres con bebés o jóvenes con problemas de sustancias. “Al final, es un proceso personal voluntario, como mayores de edad que son, en el que solo necesitan un acompañamiento para afrontar las responsabilidades que deben asumir en todos los ámbitos con tan solo 18 años”.

Los sueños de Mamadou

Mamadou, con apenas 15 años, se vio envuelto en una complicada situación en su Guinea natal y decidió iniciar un proceso migratorio. Una vez en España, ingresó en un centro de menores tutelado donde vivió hasta cumplir su mayoría de edad. Fue entonces cuando, a través de las educadoras con las que convivía, solicitó una plaza para ingresar en el piso de Salamanca. Y se siente afortunado de haber logrado que se la concedan, puesto que “no es fácil” porque “hay mucha gente que quiere entrar”.

Llegó a finales de enero de 2020, ya lleva un año en el piso y enfoca la recta final de su intervención. “Al principio, puedes imaginarte que una persona con 18 recién cumplidos, sale y no y no sabe ni dónde ir ni cómo llevar la vida”, reflexiona. Recuerda que poco después llegó la pandemia y “todo lo que pasó”. “No sabía nada de nada”, pero gracias a las educadoras ha encontrado el apoyo para muchas cosas. “Ellas nos van guiando por el camino correcto”, agradece.

En el día a día se dedica a cumplimentar su plan “para salir de allí y vivir”. Al volver de clase ya tiene la comida preparada porque en el piso le han mostrado, aparte de cómo se cocina, que “cuando llegas, tienes hambre pero estás cansado y cuesta hacerlo”. Así que lo prepara el día anterior. Luego descansa un rato y se pone con las actividades. Estudia segundo curso de un grado medio en Electricidad.

Cuando llega el fin de semana, ya sin la supervisión de las educadoras, da rienda suelta a su afición: el fútbol. Mamadou, dependiendo de la ocasión, se va a entrenar con el Pizarrales, donde juega, o a los partidos del San Roque de Carbajosa de la Sagrada, donde a sus 19 años ejerce como delegado, cumpliendo con las prácticas de un curso que espera finalizar. “Cuando van a jugar, tengo que ir. Luego, tengo que estudiar, limpiar lo que no he hecho durante la semana. Y cuando llega el lunes, otra vez”, enumera.

El sueño de Mamadou seguro que a muchos les resulta familiar. “Quiero ser futbolista, pero es complicado porque hay mucha gente”, cuenta con realismo tajante. “Así que a través de los estudios me saqué en verano otro curso de monitor para trabajar también en eso”, explica con realismo aún mayor. No poder jugar por las restricciones es lo que peor lleva. Mientras tanto, los pies en la tierra. “Siempre estoy pensando en el presente, no en el futuro porque me agobio. No sé qué va a pasar”. Ni cuando salga del piso. “Yo lo agradezco. Esta ayuda es mucha. No se puede olvidar el día de mañana. Da igual si voy a otro sitio o no, siempre me acordaré de ellos”. Y es de bien nacido.

https://www.noticiascyl.com/t/2733593/

27 de febrer 2021

‘L’educació social: de la justícia restaurativa a la justícia social’, per Federico Diego


La possibilitat de reparació i conciliació amb la víctima practicada en la justícia juvenil o l’abonament de la responsabilitat civil al llarg de la condemna pels agressors són formes de respondre al comportament criminal per equilibrar les necessitats de la comunitat, les víctimes i els delinqüents. Juntament amb d’altres disciplines, l’educació social segueix realitzant en diversos centres el treball quotidià que fa possible l’ acompanyament personalitzat de l’itinerari de cada persona, més enllà d’estar momentàniament exclosa, marginada o condemnada.

S’han protagonitzat algunes experiències puntuals. Al principi molt discretes, però a poc a poc més conegudes ,mirant d’afavorir el diàleg entre víctimes i agressors. Entre d’altres són reconeguts els exemples pioners a Irlanda del Nord amb el recolzament de Desmond Tutu, a partir de la seva gestió a la Comissió per a la Veritat i la Reconciliació a Sudàfrica (2006-200).També molt abans a Itàlia en el procés amb les “Brigades Rose”; o a Espanya (2011-2012) amb les trobades ‘restauratives’ promogudes a Euskadi a les presons de Nanclares de Oca, Madrid-Ocaña, Villabona (Astúries) a partir del moment en què ETA aturà l’ anomenada lluita armada. Més recent l’estratègia restaurativa impulsada a Colòmbia per finalitzar amb del terrorisme de les FAR.

Un diàleg voluntari entre víctima i ofensor, pretén a casa nostra que joves que, no han entrat del tot en el sistema penal, o adults puguin estalviar-se la presó alhora que prendre consciència d’ aptituds pròpies i de recolzament de la comunitat per recuperar el propi destí. Aquestes alternatives o solucions amb joves que han ofès o perjudicat una víctima són cada vegada més nombroses. Tanmateix només testimonials en adults empresonats.

Programes formatius substitutius de la presó per delictes de violència de gènere o amb el recolzament de les pròpies famílies (LÍMITS) i adolescents (MIRALL) denunciats per violència filio-parental, dissenyats, impartits i avaluats a Catalunya (2007-2014) i que realitzarà el 2021 la seva desena edició, són petites passes per donar resposta a la violència contra els adults, per prendre més consciència i canviar la forma de pensar, sentir i actuar. Treballar plegats per al rescabalament dels danys que hagin patit les víctimes per part dels infractors, en el bell mig de la comunitat de ciutadans, sense voler amagar o aplaçar, diferir –sine die – respostes plausibles i resolutives que la ciutadania demana.

La revisió de la tradicional justícia retributiva és d’interès per als justiciables i per als operadors per fer-la més eficient i fugir del risc d’esdevenir una mena de venjança oficial.

Cal seguir avançant cap als processos restauratius com en altres legislacions per acabar amb la pena de mort, i amb la ‘presó permanent’ i la ‘cadena perpètua’.

El càstig físic o la privació d’aliment als més desheretats, la guerra o l’esclavatge i tràfic de persones són el síndrome -conjunt de símptomes- de la injustícia. Hi haurà que revisar Nacions Unides i els estats hauran de promoure altres camins contra l’ofensa i, a favor de les víctimes. Un altra justícia més fonda, que sigui una solució eficaç; restauració tant per a la víctima com per a l’ofensor i així obtenir la pacificació de la comunitat.

Hi ha que construir un futur diferent amb un altra forma d’ensenyar, jutjar i actuar , amb alternatives lliçons, sentències, arengues, parlaments o discursos que més enllà de repetir i justificar aquell bíblic ‘ull per ull, dent per dent’ (Dt.19,17-21) arrelat en el càstig individual; és més complex organitzar sistemes o processos restauratius entre víctima i agressor però són més eficients i curatius, per sembrar el futur.

No hi ha que regatejar esforços per obtenir la pacificació i la reconciliació, per acabar amb la devastació que deixen les guerres. Per això és imprescindible invertir en la pau, fruit de la justícia. Oferint l’ incentiu de desenvolupament sostenible, tant comunitari com personal i que representi aturar la construcció de màquines d’ infringir sofriment i dolor.

Mirarem de no oblidar ni la invisibilitat dels privats de menjar o de llibertat, ni tampoc el creixement exponencial dels benefici del capital, amb l’empobriment creixent i oblidat de més víctimes col·laterals. Vigilem de no restar distrets per unes o altres retòriques per justificar i diluir la responsabilitat col·lectiva i personal davant la injustícia de tants innocents.

Des de l’educació social volem caminar cap una renovada Justícia social universal per no seguir diferint més el compliment dels objectius del Mil·lenni, l’Agenda 2030. Tant de bo la resposta a la pandèmia Covid-19 sigui l’hora del pragmatisme per globalitzar la solidaritat a partir de micro-projectes restauratius.

A partir de l’interès general, en una economia col·laborativa i valors participatius i solidaris, podrem seguir treballant per un altra justícia

*FEDERICO DIEGO ESPUNY és doctor en Filosofia i Ciències de l’Educació per la Universitat de Barcelona.

https://www.marfanta.com/2021/02/21/leducacio-social-de-la-justicia-restaurativa-a-la-justicia-social-per-federico-diego/

26 de febrer 2021

#calidoscopimigracions


Dates: 4, 10, 17 i 24 de març, a les 18.00 h.
Lloc: Seminaris web. A distància
Organitzen: Universitat de Lleida i les delegacions de Lleida del COPEC, COPC, TSCAT i CEESC.

El 4 de març s'inicia aquest cicle de quatre seminaris web al voltant de les migracions. Cada sessió constarà d'una ponència i d'una experiència pràctica.

PROGRAMA
4 de març

Ponència: Les migracions actuals: particularitats, evolució i context.
A càrrec de Gemma Pinyol, politòloga i directora de polítiques migratòries i diversitat a Instratègies.

Experiència: Arriscar-se a emigrar i a acollir: entrevista a un jove i un adult per les seves experiències de migració i integració.
A càrrec de Gemma Pedra, Associació Reintegra de Lleida.

10 de març

Ponència: Les dificultats per reconèixer la ciutadania. Barreres que obstaculitzen la regularització de les persones migrades.
A càrrec de Sònia Martínez, advocada de Càritas Lleida.

Experiència: Projecte llars del seminari: una experiència d’habitatge social.
A càrrec de Natàlia Bosch, treballadora Social i Míriam Prieto, educadora social.

17 de març

Ponència: Reconeixements i identitats. Les dificultats per exercir la ciutadania.
A càrrec de Francesc Vilà, psicòleg i psicoanalista d’Innovació, Salut Mental Comunitària.

Experiència: Unim cultures, una experiència de compromís des de l’àmbit universitari. A càrrec de membres de l'Associació Unim Cultures.

Presenta i modera: Núria Rabés, Col·legi d'Educadores i Educadors Socials de Catalunya, delegació de Lleida.

24 de març

Ponència: Tothom és estrany a l‘espai públic: la visibilitat en temps de distància social.
A càrrec de Jordi Moreras, antropòleg investigador al CIDOB i professor de la URV.

Experiència: Comunitats d’aprenentatge a l’escola de Pardinyes de Lleida.
A càrrec de Carme Gilart, mestra i directora de l’escola.


Per a més informació i inscripcions: cooperacio@udl.cat

Programa complet en aquest enllaç.

No sols de pa viuen les persones enmig d’injustícia social

Aquest dissabte, com cada 20 de febrer, va ser el Dia Mundial de la Justícia Social i veiem que el món transcorre entre un augment de despropòsits, les ja existents desigualtats i d'una allau consumista que fa trontollar els valors i esforços diaris de milers de persones, famílies i comunitats en contínua cerca de la societat del benestar. Més enllà del 'dia de la marmota' ens aferrem a cercar camins i estratègies per poder superar aquests entrebancs normalitzats.

És trist i dur, com educadors/es socials, el fet d'acompanyar cada cop més persones que tenen dificultats per poder subsistir, observar des de la primera línia les seves frustracions i desànims, i l'impacte que representa per les seves famílies haver de fer renúncies. No sols a un diumenge de platja amb els nens o també a esgotar un calçat malmès o a no poder fer un cafè en una terrassa sinó, a aquestes situacions, anar-ne sumant una darrere l'altra. I haver de 'normalitzar-ho' com 'un peatge' que hem de fer per tenir una quota dins de l'Estat del Benestar, sense adonar-nos que estem contribuint a fer que una petita part de la Justícia Social sigui un miratge ple de bones intencions.

La nostra tasca d'acompanyament, assessorament, informació, suport, treball... amb les famílies es dilueix i es contraposa als grans interessos polítics i empresarials d'enriquiment especulant des de les companyies elèctriques, les de l'aigua o l'habitatge, entre tantes altres. Tot això, però, no ens fa defallir i seguim la nostra tasca d'engrescar i sembrar esperances perquè aquestes famílies que es troben embolcallades en la fragilitat social i la precarietat socioeconòmica, puguin fer un salt i tinguin opcions a poder viure amb dignitat, mentre lluiten contra la inJustícia Social que ens envolta, ja sigui en forma de pandèmia, crisis econòmica, desindustrialització, valors obsolets, etc.

Aquest dia ens recorda que de tant en tant hem de prendre el pols a la societat i les persones amb les quals treballem per convidar-nos a reflexionar sobre com estem i en valorar el com estem i com tenim l'entorn immaterial, per així empoderar-nos i projectar el camí cap al benestar comunitari, familiar, personal. Ens qüestionem on és i està la Justícia Social davant la incertesa i la desigualtat, veient que no és un fet aïllat, sinó com a part d'un repte o prova de vida per la majoria dels mortals.

Hi ha una hipòtesi sobre l'origen etimològic de la paraula Díkē (Salamone, 2013) que estableix una relació entre la justícia, el dret i la igualtat en L'Antiga Grècia. La Justícia Social repara en aquests elements crucials per a afavorir la igualtat d'oportunitats en i per a la ciutadania. L'Educació Social com a professió necessària té en la seva essència fundacional la justícia social com a raó de ser i punt focal en el qual es fonamenta el seu codi deontològic:

"Principi de justícia social: l'actuació de l'educador/a social ha de basar-se en el dret a l'accés que té tot ciutadà a l'ús i gaudi dels serveis socials i educatius en el marc de l'estat social democràtic de dret, i no en raons de beneficència o caritat. Aquesta situació exigeix que des del procés de l'acció socioeducativa actuï sempre a favor del ple desenvolupament i benestar de les persones i els grups".

Per tant, hauríem de considerar que la seva aportació professional és clau en una pràctica social ètica i igualitària, equitativa, on existeixi una transferència real entre l'Estat de Benestar i les seves polítiques públiques que responguin específicament a les necessitats de la ciutadania en l'aquí i l'ara. Les institucions públiques actuen com si fóssim prescindibles encara que a l'hora de la veritat s'adonen que som professionals essencials, sempre, en tota hora, hi ha algun educador social exercint.

L'educador/a social és un professional forjat de valors essencials i que treballa des del vincle i la confiança, un professional que exerceix el seu treball en la precarietat generada, al mateix temps que la que pateix per part del mateix sistema. Treballa des d'una doble precarietat, encara més aguditzada en temps de pandèmia de la Covid-19 i d'inseguretat ciutadana. Ens trobareu cada dia a les 'trinxeres', malgrat la invisibilització. Què té a veure tot això amb la justícia social? Les institucions i els organismes competents han de vetllar per un benestar per a totes les persones. Cal que fomentin la coordinació de recursos i la promoció d'alternatives actives de canvi, legitimant l'activitat de l'educació social i disminuint les condicions de vulnerabilitat de les persones a qui atenem i acompanyem. Treballem amb els més febles de la baula? Tot sovint sí, no solament; cal buscar l'equitat i la igualtat d'oportunitats entre oprimits i opressors, entre marginats i marginadors, entre segregats i segregadors. A més de teixir ponts d'enllaç creant xarxes socials, en ser i estar punts de referència per tots aquests col·lectius afeblits per un model consumista que els ha abocat en la fragilitat i vulnerabilitat social. Sent sovint els seus interlocutors amb l'administració hem d'enfortir el treball grupal i comunitari com eina de prevenció, des d'espais on reforçar l'autoestima i apoderar les persones.

On queda aquest treball preventiu i comunitari que desenvolupem amb el dia a dia? Cada cop és més complicat, amb actuacions urgents, burocratització, allau de silencis, Ingressos Mínims Vitals que no arriben mai, i que són engrunes per al demà i un llarg etcètera. Sols faltava afegir-hi ERTO que afecten a tota la societat.
Cal que institucions i organismes s'ho creguin. Al final no deixa de ser allò de la vella nova consigna de 'Pa, sostre, treball i llibertat' i tot el que se'n deriva, sobretot la dignitat.

Aquest article l’han escrit Cleo Campuzano i Jordi Baiget, educadors socials i Vocals de la Junta delegada de Lleida del Col·legi d’Educadores i Educadors Socials de Catalunya (CEESC).

https://www.social.cat/opinio/13888/no-sols-de-pa-viuen-les-persones-enmig-dinjusticia-social 

Aprendiendo a volar

Susana Martín / ICAL . Yoana Martín Sánchez, responsable del piso del Proyecto Acompaña en Salamanca junto a Mamadou, uno de los beneficiari...