31 de juliol 2020

El peligro en menores de la adicción a los videojuegos per Carme Escales

Unos adolescentes juegan a videojuegos en 3D en una feria de Barcelona. / Adriana Domínguez

Del verbo jugar, el diccionario recoge diferentes definiciones: hacer algo con el fin de entretenerse, divertirse o desarrollar capacidades, pero también someterse a reglas, y no siempre para divertirse, también con el único fin de ganar dinero. Jugar es perder y ganar o ganar y perder, habilidades, tiempo, dinero o capacidad de controlarnos. Si el juego se transforma en una afición extrema de la que se pasa a depender, hablamos de adicción. Cuando todo ello se junta en un videojuego en manos de niñas, niños y adolescentes, ¿Cómo proceder? Sobre ello hablamos con el psicólogo Roger Ballescà, coordinador del comité de Infància i Adolescència del Col·legi de Psicologia de Catalunya.

Videojuegos, algo que prácticamente todos los menores utilizan.
Tres estadios diferencian los grados de atención de menores a los videojuegos. El uso como tal, el uso abusivo y la adicción. De lo primero, hay muchísimos. De lo segundo, bastante, y ahora durante el confinamiento todavía más. Y nos preocupa. Lo que llamaríamos propiamente adicción, en niños y adolescentes que, aunque hay menos, pero nos inquieta mucho. Nos preocupa que el uso abusivo pueda conducir a una adicción.

¿Cómo prevenirlo?
Para que eso no suceda, hay que poner atención en las edades de los pequeños y pequeñas usuarios y en las características de sus juegos. Para empezar, los menores de 3 y 4 años no deberían estar jugando con videojuegos. En cualquier caso, en todas las edades se debe vigilar con qué videojuegos se entretienen y si están recomendados para su edad. Por lo que vemos, las familias no están lo suficientemente atentas a ello.

¿Qué hace que no presten la atención que merece la cuestión?
Por un lado por la presión social, por el contacto de sus hijos con los amigos a los que sus padres dejan jugar a esos videojuegos. Y por otro lado por cierta desidia y desconocimiento de los peligros que comportan algunos de esos juegos.

Y por desinformación o información errónea, tal vez.
Se tiende a pensar si un juego es adecuado o no para una criatura en función de factores como por ejemplo si les asusta o no, o si toleran ciertas escenas de violencia. Y es un error. Porque no es solo ese el problema, sino que los juegos no están diseñados para estas edades y eso puede hacer también que se enganchen más.

Recomendamos a las familias que, del mismo modo que dejan salir a sus hijos y se interesan por el lugar al que van, con quién van y qué van a hacer en la plaza, en la calle o en el campo de deportes, con los videojuegos deben hacer lo mismo, porque es también como salir de casa y encontrarse con otros. Incluso en algunos pueden realizar compras.

¿Qué recomiendan para valorar un juego?
No sólo deben fijarse en los códigos internacionales PEGI (Pan European Game Information –aevi.org / Asociación Española de Videojuegos), la regulación europea de la industria del videojuego, sino también uadre o no con su código educatxar-lo... com veieu) los padres deben mirar si cuadra o no con su código educativo, y cómo le está afectando en el día a día a su hijo o hija ese uso que hacen del videojuego.

Y siempre con un criterio de la mesura del consumo.
Claro. No pasa nada por comer una chuchería un día, pero no constantemente. Todo puede ser pernicioso o una gran cosa, como se suele decir, ‘la dosis hace el veneno’

Igualmente, las chuches dependerá de la edad.
Existe una recomendación de la OMS de que los menores de 3 o 4 años no usen ni teléfonos móviles, ni tabletas, porque no es bueno para su desarrollo psíquico y tampoco para la vista. Y, sin embargo, salimos a la calle y vemos a niños y niñas paseando en los carritos, incluso, y en lugar de mirar lo que pasa a su alrededor, se distraen con la tableta o el móvil de sus padres en sus manos. Así se genera cierta adicción a calmarse siempre con el uso de la pantalla, con contenidos audiovisuales, en lugar de hacerlo interactuando con su entorno. Es un grave error.

De nuevo, parece increíble que esa escena sea algo tan común.
Es por la falta de tolerancia a la frustración, la necesidad de las familias de delegar en el aparato tecnológico para satisfacer la frustración, a través del teléfono móvil, por ejemplo. Aparentemente mejora la situación, pero en realidad se está empeorando, porque no se gestionan correctamente las emociones. Si los padres no contenemos el malestar de los hijos, es difícil que ellos lo logren con el suyo propio.

De todos modos, hay una industria cómplice de nuestros enganches.
Sí, hay muchos juegos en el mercado diseñados para ser adictivos, utilizan mecanismos de recompensa como lo hacen las máquinas tragaperras que tanto daño han hecho en los adultos. Pensamos que no está suficientemente recogido ese potencial adictivo en el código de uso. Habría que tener en cuenta esa adictividad. Poder hacer compras o no o sobre la violencia de los videojuegos sí se recoge en los códigos, pero no la capacidad de crear adicción.

¿Los profesionales de la psicología qué están observando?
De los más pequeños hasta la pubertad vemos que sí se está haciendo un cierto abuso y de juegos que no siempre son apropiados para su edad. En los adolescentes predomina el uso masivo de videojuegos, un abuso, incluso con juegos para mayores de 18 años. También lo vemos en niños y niñas de 15 y 16 años e incluso más pequeños, pero los adolescentes son los que suelen pasar más rato encerrados en su habitación, son más autónomos a su edad y dejan de tener cierto espacio compartido para vivirlo más digitalmente en solitario.

Está claro que el videojuego es potencialmente un enemigo.
A los videojuegos no les tenemos que tener miedo, pero sí al uso que se hace de ellos a cierta edad y durante determinado tiempo. Igual que controlamos adónde van físicamente nuestros hijos e hijas cuando salen de casa, también con los videojuegos debemos tener cierto control, conocimiento de qué se puede hacer con cada juego. Porque los hay que pueden ser buenas herramientas pedagógicas.

Cuando el videojuego requiere realizar compras, la situación se complica.
En ese caso es doblemente peligroso, por la parte adictiva y por la parte económica. Y es un problema que en muchos casos afecta a los padres, pues algunos hijos toman a veces la tarjeta bancaria de sus padres para hacer las compras que demanda el videojuego.

¿Cómo identificar una situación si no adictiva, ya de camino a serlo?
Lo que hace falta, y puede ayudar mucho a identificarlo es fijarse en qué pasa cuando ese hijo o hija no puede jugar con el videojuego, cuando se le prohíbe durante un tiempo por ejemplo. Hay que observar si no poder jugar le genera ansiedad o altera su conducta con reacciones exageradas o irritabilidad. Si algo de eso se da, tenemos que empezar a pensar en adicción.

Imagino que en muchos casos como se les ve animados jugando, no preocupa.
Hay que disfrutar jugando con el videojuego y hacer un buen uso de él. Pero, otras dos cosas que nos deben hacer pensar en adicción es que por estar jugando con el videojuego, la persona no siga los horarios adecuados de descanso por la noche y que deje de hacer otras actividades por seguir jugando. Puede ser que abandone labores extraescolares que hacía o jugar en la calle, cosas que ha ido dejando de hacer. Todo esto también nos lleva a pensar que alguna cosa está pasando.

Todo por falta de límites.
Sí. No ser capaz de limitarse el tiempo de juego es lo que indica un problema. Es habitual que niños y adolescentes no sepan regular por sí solos el uso adecuado de los videojuegos, por lo tanto, eso no sería un indicativo de adicción por sí solo. Lo que sí lo sería es la reacción frente a un límite externo que es lo que deberían poner los adultos. La falta de límites está más en los adultos que en los menores. Son los padres los que deben regular y a menudo esperamos, equivocadamente, a que sean los propios niños y niñas quienes lo hagan solos.

¿Ese límite de cuánto debe ser en cada edad?
Esa es la pregunta estrella, cuántas horas se puede jugar a un videojuego. Y la respuesta no es simple. El juego se debe incorporar en las rutinas del día a día de niños y adolescentes. Deben hacer como mínimo cuatro cosas cada día: dormir las horas que tocan, que son 12 o 13 para los más pequeños y 8 horas en la adolescencia; las tareas de la escuela, en confinamiento y fuera de él, y ayudar en las tareas de limpieza y orden en casa; compartir espacios de tiempo en familia y, por último, destinar otro tiempo a hacer lo que les apetezca, un tiempo que será mayor en el caso de los adolescentes.

Ahí es donde puede anidar el peligro.
En ese tiempo para ellos no debemos marcarles tantos límites, pueden hacer deporte y actividades fuera de casa y usar videojuegos. Pero eso no quiere decir que no debamos asegurarnos de que juegan a videojuegos que son adecuados para su edad, y siempre y cuando se hayan cumplido los tres anteriores puntos esenciales a realizar en cada uno de sus días. Si lo cumplen, tampoco es tanto el tiempo que les queda.

¿Qué hacer si no se cumple?
La obligación de los padres es ayudar a diversificar. Si observando, te das cuenta de que se está generando un problema, hay que intervenir, regular el uso o incluso retirarles el teléfono móvil o el aparato que utilicen para jugar. Si es necesario, hay que buscar la ayuda de un profesional.

¿Se ha registrado un aumento de peticiones de ayuda a psicólogos y psicólogas?
Las demandas de ayuda de padres y madre por dificultades vinculadas a tecnología se han ido incrementando y es un problema que prevemos que crecerá. Afecta más a adolescentes por su mayor tiempo de ocio autónomo, pero hay que estar atentos también en franjas menores de edad porque los patrones de adicción que se inician precozmente continúan después y pueden tener mayores repercusiones.

¿Cómo se debe leer la laxitud de los padres ante una amenaza sí?
Lo que estamos viendo es que falta mucho conocimiento de los videojuegos por parte de las familias. Padres y madres debemos ponernos las pilas para enterarnos de a qué están jugando nuestros hijos e hijas. A nivel público tenemos a disposición a nuestros pediatras y médicos de familia para hacer consulta de nuestras dudas ante cualquier sospecha. Ellos nos pueden derivar a la red de centros de salud mental infantil y juvenil públicos en caso que sea necesario.

Sorprende que no haya un mayor control a los fabricantes que procuran a sus videojuegos el componente adictivo.
Nuestra sociedad es víctima de las ansias de las empresas para vender más y, en este caso, para ello juegan con la infancia y la adolescencia. Que nuestros hijos e hijas jueguen con videojuegos está bien, pero que los videojuegos jueguen con nuestros hijos e hijas es inadmisible.

28 de juliol 2020

“Cuidarnos en comunidad”: ¿un relato para los servicios sociales? per Fernando Fantova

Nuestros libros y leyes dicen que los servicios sociales son (o quieren ser) universales, pero ni las personas que trabajamos en ellos ni las que tienen responsabilidades políticas ni la ciudadanía en general sabemos identificar de forma clara y compartida alguna necesidad, problema o aspiración de todas las personas que corresponda abordar a los servicios sociales (sean públicos o de otros agentes). En esas condiciones es muy difícil aunar voluntades para el desarrollo, la mejora o la extensión de esta rama de actividades que, sin embargo, sentimos como necesaria, esencial, imprescindible.

La pandemia y la emergencia que vivimos está sirviendo, posiblemente, para que nos hagamos más conscientes de nuestras necesidades, de lo que echamos de menos cuando se produce una alteración generalizada del funcionamiento social. Así, por ejemplo, tememos que se vea afectada nuestra salud y aprendemos sobre ella y sobre cómo prevenir su deterioro, individual y colectivamente. De igual modo, estamos calibrando y comprendiendo mejor otras necesidades, como las de alimentación, ocio o alojamiento, y la manera de abordarlas.

Si hubiera que elegir una necesidad que se está sintiendo de manera más fuerte y clara en estos tiempos y para la que los servicios sociales tienen respuesta, se trataría, sin duda, de la necesidad de cuidado o cuidados, entendida , básicamente, como aquella que sentimos todas las personas en las etapas, momentos o circunstancias de nuestra vida en las que no tenemos la capacidad de realizar por y para cada una de nosotras (algunas de) las denominadas “actividades de la vida diaria”. Si bien es cierto que, para muchas necesidades de cuidado, los servicios sociales “ni están ni se les espera”, para otras son el cauce más utilizado. Lamentablemente, en todos estos meses, estamos teniendo más notoriedad por nuestros fracasos en la respuesta a estas necesidades que por nuestros éxitos.

Sin embargo, es tal el crecimiento exponencial previsto para el desafío de los cuidados en los próximos años que los servicios sociales no podemos ni debemos dar por perdida la batalla por configurarnos a los ojos de la ciudadanía como el “lugar” al que acudir en los momentos en los que, en la cotidianeidad de nuestras relaciones familiares y convivenciales, percibamos o preveamos (en nosotras mismas o en personas cercanas) una necesidad de cuidado insuficiente o inadecuadamente cubierta.

Por ello, quizá “cuidarnos en comunidad” pueda ser una expresión que nos ayude a construir un relato entendible para el conjunto de la población acerca del cometido de los servicios sociales. “Cuidarnos” porque el autocuidado (en un sentido más o menos estricto) y el cuidado recíproco (en las relaciones familiares y de convivencia) son fundamentales y necesitan ser complementados por cuidados, apoyos, tecnologías e intervenciones profesionales. “En comunidad” para señalar que los servicios sociales (garantizados como derecho por los poderes públicos) buscarán fortalecer la vida en casa y en comunidad y las relaciones familiares y comunitarias (y no sólo las estrictas relaciones de cuidado).

Ahora bien, si los servicios sociales queremos lograr el reconocimiento de la ciudadanía como el sistema público y el sector de actividad que nos puede ayudar a todas las personas a “cuidarnos en comunidad”, parece necesario que evitemos aparecer como servicios orientados a una parte de la población (como, por ejemplo, “las personas que están peor” o “las personas más vulnerables”). También puede resultar contraproducente seguir funcionando o siendo vistos como servicios que atienden a otras necesidades diferentes, como las de alimentos o alojamiento, máxime cuando el dinero para comida o el acceso a la vivienda ya son responsabilidad principal de otros sistemas o sectores dentro del funcionamiento de nuestra sociedad.

Los servicios sociales podrían ser vistos como aquellos que nos ayudan a “cuidarnos en comunidad” y, por tanto, como un medio para evitar, revertir o paliar situaciones de dependencia para las actividades de la vida diaria, de soledad no deseada, de maltrato o violencia en las relaciones familiares y comunitarias o de exclusión de la convivencia en comunidad. Podrán tener también un cierto impacto indirecto significativo en problemas correspondientes a otros sistemas o sectores de actividad (como la pobreza, el sinhogarismo, la delincuencia o las adicciones, por ejemplo), pero sólo, seguramente, si primero son capaces de hacerse fuertes y atractivos, para ayudarnos a todas las personas, de manera positiva y accesible, a “cuidarnos en comunidad”.


27 de juliol 2020

Madrid abandona a la seva sort als adolescents immigrants en complir els 18 anys

Diversos ex MENES (menors estrangers no acompanyats) porten diverses setmanes vivint en la mendicitat, en ser expulsats per la Comunitat de Madrid dels seus serveis de protecció en complir la majoria d'edat. Molts viuen a la vegada torn veritables inferns en els seus centres.


La situació és dramàtica i es repeteix dia rere dia. Al parc de la Casa de Campo que envolta el centre d’acolliment de menors, on abans vivien i del qual van ser tirats en complir 18 anys, malviuen diversos adolescents immigrants. La seva situació legal no pot ser pitjor. Han perdut la “protecció” i la tutela del govern regional, en complir la majoria d’edat, però tampoc poden treballar ni estudiar, al no tenir la residència legal al país. Fins i tot hi ha diverses denúncies que malgrat poder demostrar mitjançant la seva documentació la seva condició de menor, són expulsats mitjançant resultats de proves mèdiques que diuen el contrari.

Això els obliga a viure al carrer i a buscar-se la vida com poden. Actualment hi ha menys, però a mitjans de juny va arribar a haver-hi entre 50 i 60 xavals dormint amb mantes i entre la mala herba, utilitzant el rierol com a servei. La majoria eren procedents d’altres centres i fins i tot del mateix de la Casa de Campo, desemparats una vegada que van complir la majoria d’edat.

Diversos d’ells, relaten avui, al eldiario.es, el seu terrible dia a dia. Osama, després d’ensenyar els dos únics documents que acrediten la seva identitat (un passaport marroquí i una targeta de residència que li assenyala amb majúscules com a “ex mena tutelat, no autoritzat per a treballar”) explica com: "Pel dia busco menjar i a la nit dormo a un cotxe abandonat a Vallecas”. Un altre company, Ibrahim (nom fictici), explica com a les nits s’acosten al centre de menors, del qual van ser expulsats, on els seus antics companys, fins i tot menors, podien portar-los una mica de menjar que treien de dins.

Centres de Menors Tutelats on alguns viuen un autèntic infern

Si dramàtica és la seva situació actual, la viscuda en aquests centres no és molt millor. Avui mateix la Fundación Raíces, una organització de suport a la infància a Madrid, publicava un informe en el qual denuncia 55 agressions a menors tutelats a Madrid recopilades des de 2016. Encara que l’informe només parla de Madrid, adverteix que aquestes agressions poden donar-se en la resta dels Centres de Menors Tutelats del país, ja que les manques del sistema, que donen impunitat als agressors, es repeteixen en tot el territori nacional.

En el mateix es recullen testimoniatges terribles. Les víctimes, d’entre 12 i 17 anys, afirmen que els seus agressors van ser sobretot els vigilants de seguretat dels centres de primera però també educadors i membres dels cossos i forces de seguretat de l’Estat.

K. T. un nen algerià compte que amb 15 anys, “Quan la policia va marxar del centre, em van portar a l’habitació dels vigilants, emmanillat, van tancar la porta. Un d’ells em va pegar puntades fins que vaig caure a terra boca avall, els altres també em van pegar, però no amb tantes ganes com ell. Aquí em van tenir fins que es van cansar. No vaig sagnar, però sentia que m’anava a desmaiar, em dolia tot el cos”. M. T., un adolescent marroquí, ho deixa car en afirmar que: “Els vigilants no parlen, només ens parlen amb els seus punys”.

Només la meitat dels i les 55 adolescents agredides es van atrevir a denunciar. La majoria d’estan denúncies, estan encara estan a l’espera de judici. De les jutjades fins ara, hi ha hagut quatre sentències absolutòries i cinc casos s’han hagut d’arxivar després de la desaparició dels menors. Tot això a pesar que, com a mostra l’informe, existissin fotos que mostren braços enguixats, bretxes al cap i hematomes en tot el cos.

VOX atia la xenofòbia i el racisme contra ells

Aquesta situació de marginalitat d’aquests adolescents i la seva presència als parcs, al no tenir un altre lloc on anar, per descomptat ha estat aprofitat per l’extrema dreta per a difondre el seu missatge xenòfob. Missatge que vincula a aquests joves abandonats amb robatoris, delinqüència i violència, encara que les dades i la realitat demostrin clarament que no és cert.

Un empleat d’aquest centre de menors, que demana no ser identificat, denúncia que: “És injust que es marqui a tots de delinqüents quan no és així. El percentatge de menors que cauen en aquestes activitats delictives és molt baix, menys d’un 5%.”.

No obstant això, ja sabem, que a la dreta (PP-Cs) i l’extrema dreta (VOX), els és igual les dades amb la condició de llançar el seu discurs contra els immigrants. L’aparició amb gran força de Vox no ha fet més que endurir per dreta un discurs antiinmigrant o de control absolut de fronteres que ja era present en gran part dels governs i partits polítics de l’Estat espanyol. En el cas de les 3 dretes, és molt clar el seu discurs. Volen aparèixer com els “campions” de la defensa del territori espanyol, del control de fronteres, de les polítiques que restringeixin al màxim tant l’arribada, com els drets i llibertats de la comunitat estrangera al país.

Cap ésser humà és il·legal. Pel tancament dels CIES. Plens drets als immigrants i refugiats

Davant aquesta dramàtica situació que pateixen diàriament aquests adolescents, tant el govern regional del PP-Cs secundat per VOX, com el central del PSOE-UP, es “passen la pilota” l’un a l’altre. Al·legant problemes burocràtics o legals i la falta de mitjans. Veiem com, ni a la dreta, cosa evident, ni a la “esquerra” els importa el benestar d’aquestes persones abandonades.

Evidentment la solució no pot ser tornar a internar-los en els mateixos Centres de Menors o CIES dels quals van ser expulsats. Aquestes “presons” per a immigrants són llocs on viuen amuntegats, sense les mínimes condicions, i on a més, com hem vist, sofreixen tortures i maltractaments que, en moltes ocasions, els arriba a ocasionar la mort.

L’actual pandèmia, no ha fet més que empitjorar, la dramàtica situació de les persones immigrants en l’Estat espanyol. Els que tenen “papers”, han estat molts d’ells acomiadats i desnonats dels seus habitatges. Els “il·legals” han sofert greument les condicions inhumanes de treball a les quals es veuen sotmesos. Condicions, que com es veuen en els casos actuals de les indústries càrnies i del camp, els ha portat a contreure massivament el virus.

Per tot això ara més que mai, exigim als sindicats i a la resta de les organitzacions socials i polítiques d’esquerres que aixequin un veritable programa que lluiti contra aquestes polítiques racistes. Un programa que plantegi un conjunt de mesures per a unir les files de la classe treballadora, nativa i estrangera. Mesures com: A baix les reaccionàries lleis d’estrangeria!, Pel tancament dels CIEs! Regularització ja! Per plens drets als immigrants i refugiats, papers per a tots amb o sense contracte, així com l’obertura sense restricció de les fronteres a tots els immigrants i refugiats entre moltes altres.


18 de juliol 2020

Empatía: ¿Seguro que la tienes?

“El lenguaje es la primera arma usada en un conflicto”. La frase pertenece a una inteligente, sensible y brillante película: «La llegada», basada en un relato de ciencia ficción de Ted Chiang: «La historia de tu vida». El film plantea la posibilidad de una guerra entre mundos. Suena a un tema “manido”, pero en esta ocasión es ciencia ficción de calidad, que nos invita, casi nos obliga, a reflexionar sobre un asunto crucial: “El egoísmo y el miedo no salvaran al mundo. Comprender el lenguaje de las emociones y a través de él al otro… si lo hará”. Quiero hablaros de empatía, de su verdadero significado y de su íntima relación con las emociones y los conflictos o la falta de comunicación entre las personas

¿Qué es la empatía? ¿Es un don, una habilidad, un ideal inalcanzable…?
Leía en un reciente estudio que la empatía ha disminuido considerablemente en los últimos 30 años. Una investigación de la Universidad de Michigan concluía que los niveles de empatía de estudiantes universitarios disminuyeron un 40% entre los años 2000 y 2010.

¿Por qué está disminuyendo la empatía?
Una de las ideas fuerza que plantea la película “La llegada”, es que necesitamos entendernos unos a otros antes de empezar a entender algo más allá de nosotros. Es evocador que el lenguaje sea la clave de esa comprensión, y además un lenguaje basado en ideas y emociones.

Volviendo a nuestra vida real. Todos y todas, podemos tener desacuerdos honestos con otras personas, y aún así terminar el día como amigos o amigas. Pero, cuando las divisiones se convierten en antipatía, cuando no nos entendemos, en definitiva, cuando perdemos nuestra empatía, algo empieza a ir mal.

Me resulta curioso observar que el término empatía se emplea de un modo muy frecuente. En consulta hablamos de ello muy a menudo, y las personas se suelen sorprender mucho cuando les sugieres que podrían no tener empatía.

La escritora francesa Simone Weil, decía: “Es una capacidad que casi ninguno de los que creen tenerla tiene en realidad”, y es que en lugar de la empatía, aconsejamos, minimizamos, competimos, compadecemos, corregimos…La empatía es una capacidad que casi ninguna de las personas que cree tenerla, tiene en realidad

Desviándose de la empatía



Para comprender mejor el concepto de empatía, vamos a ver cuándo nos desviamos de él:

A. El camino fácil: la simpatía

Cuando al ponernos en lugar de la otra persona lo hacemos desde nuestra subjetividad, no estamos siendo empáticos, sino que estamos proyectando nuestros estados en el otro. No realizamos ningún esfuerzo por comprender lo que está sintiendo la otra persona –escucha activa por ejemplo–, porque valoramos sus circunstancias a través del “filtro” de nuestra propia perspectiva, de nuestros sesgos, de nuestro esquema de valores.

En esta situación se producen 2 posibilidades:

SI sentimos SIMPATÍA: Tenemos afinidad con la otra persona, por proximidad, por aficciones y gustos, por formar parte del mismo grupo o colectivo, porque deseamos agradar a esa persona, o porque queremos su aprobación. Al sentir simpatía, es decir una inclinación afectiva y generalmente mútua, ella nos motiva a mostrar cercanía y amabilidad, a esforzarnos por decir cosas positivas, dar consejos…

NO sentimos SIMPATÍA: No tenemos afinidad con la otra persona, y además no nos interesa, no compartimos lo suficiente, y no deseamos su afecto o aprobación. En este caso nos mostraremos poco compasivos, demasiado rigurosos con nuestros juicios, o distantes y ajenos.

En ambos casos no estamos mostrando empatía. 

Tenemos empatía hacia otra persona, coincidamos o no con ella, sintamos o no simpatía por ella. Ahí está el quid de la cuestión:

La empatía supone escuchar, observar y aceptar, expresando comprensión y respeto, pero no significa que compartamos, seamos afines o estemos de acuerdo con la otra persona.Empatía es escucha, observación, comprensión, aceptación y respeto; pero no que estemos de acuerdoCLIC PARA TUITEAR

B. Más allá de la empatía.

Es natural “simpatizar” con las personas por las que sentimos un mayor apego, o con aquellas que se nos parecen: padres e hijos, hermanos, amigos íntimos… Y es fácil contagiarnos de sus emociones, llorar y sufrir con ellas. ¿Significa eso que tenemos más empatía con esas personas? No necesariamente.

Los conceptos de empatía y simpatía no son excluyentes. Podemos demostrar empatía por otra persona por la que sintamos simpatía –afinidad, coincidencia, proximidad…– . Pero en muchas ocasiones esa simpatía, esa proximidad, hace que nos sentimos bien o mal en función de que esa persona también se sienta bien o mal, con lo que frente a un problema, no logramos tener la suficiente perspectiva para ayudarles.

Los conflictos emocionales son más difíciles de afrontar cuando se producen entre personas que comparten vínculos y apegos –hijos, pareja, amigos…–. El motivo es que nos vemos afectados y angustiados por nuestra relación con ellas. No somos capaces de desconectar de nuestras emociones y conectar con las de la otra persona, escuchar con calma, olvidarnos de lo que estamos sintiendo, y atender a lo que siente y expresa la otra persona, respetando su diferente perspectiva.

Un ejemplo claro de la utilidad y aplicación de la empatía, es nuestra profesión: la Psicología Clínica

¿Os imagináis que los psicólogos o psicólogas, acabáramos participando de los mismos sentimientos que tienen los pacientes antes sus dificultades? Sentir lo mismo no ayuda a los otros.

La empatía es fundamental en la labor de una psicóloga o un psicólogo:

En Psicología Clínica hay que ponerse en el lugar de la otra persona, comprender sus pensamientos, su conducta y emociones, entender las claves y los complejos mecanismos que explican sus sentimientos, pero sin hacer tuyos esos sentimientos.


Bien, ya sabemos lo que no es, pero…

Qué es, qué significa, cómo se vive la empatía
Coloquialmente definimos empatía como “ponerse en el lugar de la otra persona”. Todos y todas lo expresaremos con frases como “meternos en sus zapatos”, “ponernos en su piel” o “estar en su pellejo”.

Así expresado, parece un concepto fácil, nadie duda de él y casi todos pensamos que somos personas empáticas… ¿Seguro?

La empatía es comprender y entender al otro desde dos componentes o enfoques diferenciados:
Desde el componente cognitivo: Ponernos en la situación de otra persona, de sus circunstancias, de su perspectiva, de sus pensamientos.

Desde el componente emocional: Identificar las emociones de la otra persona.
La empatía es fundamentalmente una habilidad comunicativa y emocional, que requiere escucha activa y atención, un procesamiento intelectual de la información sin prejuicios, con respeto y comprensión, evitando el juicio, el intento de cambio o la manipulación de la otra persona.

La empatía: ¿una habilidad o un don innato? ¿Tú la tienes?

3 ejemplos para identificar qué es empatía y cómo actuaría una persona empática


Nacemos con una mayor o menor predisposición a la empatía, pero lo importante es que esta se aprende, se entrena y se mejora. Luego la primera buena noticia es que: la empatía es una habilidad que puede entrenarse.

Vamos a probar tu nivel empatía.

¿Te identificas con alguna de las siguientes situaciones?:

Tu pareja te cuenta un problema que ha tenido con su jefe o su jefa. Tu respuesta es quitarle importancia, valorar su actuación y pasar enseguida a corregir y dar consejo.

En el trabajo, te molesta que un compañero o compañera no te haya informado y no haya hecho la tarea como habíais quedado. Te has centrado en la molestia que supone para ti –que tal vez no haya sido tanta– y no consideras que es algo despistado o despistada, y que además últimamente tiene bastante sobrecarga de trabajo.

Un amigo o amiga decide en el último momento no salir a hacer deporte contigo. Piensas que es un o una “malqueda”, que no está nada bien cambiar de opinión con tan poca antelación, que se podía haber organizado mejor… No sabes mucho de sus circunstancias, de cómo se siente, o de los motivos por los que no te ha acompañado.

En estos ejemplos, ¿crees que te ha faltado empatía?. Vamos a intentarlo de nuevo. Imagina si las respuestas a las mismas situaciones hubieran sido estas:

Escucho con atención a mi pareja, poniéndome realmente en su lugar. O quizás pregunto para saber cuál es ese lugar: sus circunstancias en el trabajo, la relación con su jefe o su jefa… Y lo más importante, me pregunto: ¿cómo se siente mi pareja? ¿Por qué sólo llegar del trabajo me cuenta este problema? ¿Qué espera de mi, un análisis o necesita apoyo, afecto, comprensión…?

Le pregunto a mi compañero o compañera de trabajo sobre la tarea que no se ha realizado, escucho activamente sus explicaciones. Trato de comprender sus razonamientos. Sin perder de vista el compromiso que hemos establecido, le recuerdo empáticamente la tarea pendiente. Me expreso con asertividad: “Entiendo que estás con muchas tareas, pero te quería recordar que tenemos pendiente esto, con este plazo, ¿para cuando podrías tenerlo?”.

Le dices a tu amigo o amiga que te hubiese gustado hacer deporte juntos; escuchas atentamente sus necesidades. Le entiendes y le propones quedar otro día.

La empatía es la mejor habilidad para prevenir y solucionar conflictos.


¿Por qué es importante tener empatía?
Si atendemos a los tres ejemplos que os proponía, podemos ver que actuar con empatía conlleva importantes beneficios:

Has conseguido que tu pareja sienta que es escuchada y comprendida, sin duda se sentirá mejor que cuando llegó. Probablemente eso haga que se centre en otras cosas, como hacer planes juntos para el resto del día. Además, has aprendido algo más de tu pareja que te permitirá conocer mejor sus problemas y su forma de afrontarlos, y eso mejorará vuestra comunicación.

Tu compañero o compañera de trabajo, agradecerá que le hayas recordado su tarea, respetará que seas riguroso o rigurosa con el trabajo, pero también capaz de escuchar y mantener el equilibrio. Se planteará su responsabilidad y te dará un nuevo plazo. Si se ha sentido mal, no será por que le has tratado injustamente, tendrá que ver con sus circunstancias, no contigo. Vuestra relación profesional seguirá siendo cómoda y buena.

Tu amigo o amiga, percibirá que te gusta hacer deporte con él o ella, pero que mereces que te avisen con antelación para hacer tus propios planes. Tu sentirás que te haces respetar y al mismo tiempo, comprenderás algunas cosas de tu amigo o amiga y podrás decidir sobre vuestra amistad sin tensiones. Vuestra relación seguirá siendo buena y se mantendrá la posibilidad de hacer deporte juntos en otras ocasiones.

La empatía es una habilidad necesaria para convivir, se hace imprescindible para nuestro bienestar y el de los demás. Procesar la información que recibimos de otra persona, desde la perspectiva de esa otra persona, nos acerca a comprenderla, a saber de sus necesidades, a conocer su funcionamiento, sus temores, y por tanto sus posibles reacciones.

Esa comprensión nos aleja del sentimiento de amenaza, de miedo, pasamos de sentir que la otra persona es nuestra enemiga a que está próxima, que es muy parecida a nosotros. Este sentimiento de proximidad previene y disminuye el riesgo de violencia.

Somos seres sociales y la empatía acerca a las personas, contrarresta la sensación de soledad y aislamiento, potenciando sentimientos de pertenencia, de solidaridad, de igualdad.

Si la empatía es una habilidad tan útil en las relaciones de pareja, en el ámbito laboral, social… Si la capacidad de entender las emociones y las circunstancias de los demás, favorece la comunicación, disminuye los enfados y los conflictos y nos ayuda a resolver mejor los problemas y las tensiones que pueden surgir…

Los 5 enemigos de la empatía



Egocentrismo. No ser capaces de salir de nuestra perspectiva, de nuestro enfoque. No ver realmente a la otra persona, sino sólo nuestro reflejo en ella.

La crítica. Aprovechar la situación para expresar nuestra desaprobación, nuestros reproches, atendiendo más a lo que necesitamos decir, o a lo que estamos sintiendo, que a lo que la otra persona necesita en ese momento. Este “enemigo” de la empatía aparece con frecuencia con las personas más próximas. Tendemos a criticar más duramente a las personas a las que estamos más apegadas.

El juicio. La tendencia a colocarnos en el rol de juez, valorando y dictaminando sobre las circunstancias, sin tener en cuenta que, primero, es innecesario –nadie nos lo ha pedido–, y segundo, probablemente nuestro veredicto será injusto.

La simplificación. Reducir la situación a lo que conocemos o hemos experimentado. Considerar que todo el mundo comparte las mismas ideas. Olvidar que hay muchas otras formas de sentir y pensar, hace que se nos escapen los matices y las diferencias.

La inhabilidad emocional. No ser capaces de identificar las emociones que observamos en los demás. Y en consecuencia no saber manejar esas emociones, expresando comprensión y respeto hacia ellas.

¿Cuál es tu nivel de empatía?



Este test no es un cuestionario o test clínico de los que usamos en el Centro en consulta. Es un "divertimento" que pretende hacer reflexionar sobre el conocimiento que tenemos del concepto de empatía, y sobre el nivel de empatía que creemos poseer.

Recuerda que la empatía se puede adquirir y entrenar.

Antes de empezar. ¿Cuál crees qué es tu nivel de empatía?
  • Tengo mucha empatía.
  • No tengo empatía en general.
  • Soy una persona empática, pero mucho menos de lo que creo.
No importa el resultado que hayas obtenido, la empatía es una cualidad que se puede entrenar, que puedes mejorar. Siempre podemos avanzar en comprender a los demás, evitar conflictos y tensiones, elevar la calidad de nuestras relaciones y en consecuencia de nuestra vida.
Conclusiones

La empatía no es pasiva, requiere esfuerzo, supone un cambio, y como todos los cambios, nos obliga a salir de nuestra espacio conocido y cómodo –que no quiere decir que sea ni el mejor, ni el que mayor bienestar nos procure a medio y largo plazo–.

La empatía demanda de nosotros y nosotras acción. Requiere tiempo para los demás, para prestarles atención, para tener una escucha activa, para pensar en sus circunstancias. Y también en ocasiones supone dar, o desprenderse de algo que deseábamos.

Por eso la empatía también nos invita a renunciar a cosas que queremos a corto plazo, por beneficios que se nos mostrarán más adelante. Eso requiere autocontrol, inteligencia emocional y también una visión abierta y amplia, solidaria y positiva de las personas, de las relaciones y de la sociedad.

11 de juliol 2020

Estiu 2020: de vacances o d’incerteses? per Joan M. Girona

És important el tema de les pors. Si al setembre no han desaparegut, si van apareixent nous rebrots, el curs vinent podem trobar-nos amb un augment de l’absentisme de l’alumnat... i de baixes del professorat.


Aula buida d’un mòdul prefabricat | VS
Estem al mes de juliol. Un mes de mitges vacances per als docents. Habitualment era el temps de les tasques de tancament de curs, de preparació del proper, de formació personal o col·lectiva. Enguany tot és un xic diferent. Estarem fent aquestes tasques però estarem preocupats per com serà el nou curs, a més a més de la necessària preparació que estiguem duent a terme.

Aquest mes també estan funcionant els casals d’estiu, les colònies i altres activitats de lleure que apleguen a criatures i adolescents que estaven a les aules. Bé, enguany han estat els darrers tres mesos a casa, més o menys connectats amb els seus centres escolars.

Sembla que els casals han obert majoritàriament. Ha estat un xic diferent a les tímides obertures del mes de juny a escoles i instituts. Seria bo reflexionar com ha estat aquest final de curs: hi ha hagut centres que han acomiadat presencialment l’alumnat, sobretot el que acabava etapa, i d’altres que han fet l’acomiadament de manera virtual, i d’altres que no han fet ni una cosa ni una altra. De tot hi ha al nostre sistema educatiu.

En parlo perquè és important el tema de les pors. Els casals no han omplert totes les places disponibles, sembla que han tingut, de mitjana, un 30% menys d’assistència si ho comparem amb anys anteriors. Segurament algunes famílies estan vivint amb una certa prevenció els perills dels contactes i relacions dels seus infants. Són pares i mares que han decidit no portar els seus infants de colònies o a activitats de lleure col·lectives.

Què passarà doncs, el 14 de setembre? Obriran els centres d’ensenyament amb un 30% menys d’alumnat? Si les pors no han desaparegut, almenys una part, si van apareixent nous rebrots, podem trobar-nos amb un augment de l’absentisme (i potser amb un augment de les baixes del professorat).

A inicis de juliol la majoria de direccions i claustres estaven pendents de les instruccions del Departament dit d’Educació. M’ha semblat no gaire realista l’espera. Al llarg dels meus 40 anys de professional docent, a primària i a secundària, no m’he fixat gaire en les instruccions o recomanacions dels diferents responsables del departament d’Ensenyament o d’Educació (ha anat canviant de nom al llarg del temps).

A l’hora de tirar endavant projectes o actuacions a escoles o instituts, que ara en diuen d’alta complexitat, ho vam fer decidint-ho al claustre, valorant què era important o necessari per al nostre alumnat i les seves famílies. De vegades estàvem d’acord amb les normatives i de vegades no. Però l’interès superior dels menors (com es diu molt sovint) era el que ens importava. Les normes són per les persones i no a l’inrevés, com pensen sovint les administracions. Desobeir té els seus riscos (m’han destituït dues vegades a la meva vida) però val la pena fer-ho quan cal. És una manera d’avançar i atendre correctament l’alumnat.

Penso que els mestres que volen fer un bon ensenyament, volen atendre i acollir correctament el seu alumnat, tenen prou capacitat i sentit comú per preparar el proper curs i decidir què cal fer i com ho volen fer sense haver d’esperar les instruccions de la conselleria. El que digui el Departament serà sempre de caire general i no agradarà a la majoria per diferents motius. Els docents de cada centre coneixen millor les situacions que cal entomar.

Aquí hi afegiria altres consideracions:

● És cert que si hi ha contagis (un fet previsible com a altres instàncies socials i de convivència) poden recaure responsabilitats a les direccions dels centres. Però no és una novetat, la direcció té responsabilitat davant accidents que puguin ocórrer dins el centre escolar. Això no és nou, no ha canviat amb la Covid. És una situació que estan vivint les direccions dels casals d’estiu i cases de colònies que estan funcionant aquests mesos. La qual cosa no treu que faci falta un canvi: el professorat no s’ha de sentir sol ni desprotegit. Ha de comptar amb un suport real darrera: aquesta hauria de ser la tasca primordial de la inspecció. Infants i adolescents necessiten, i necessitaran més el proper setembre, un acolliment emocional; necessiten viure l’entrada a l’escola amb seguretat i confiança. Els seus adults de referència, els i les docents que els atenen, també són persones, també necessiten seguretat i confiança. El Departament ho hauria de tenir en compte: és responsable del funcionament de tot el sistema d’ensenyament, i atendre correctament les persones que estan cada dia al peu del canó hauria de ser una prioritat.

● Hem de continuar i intensificar, si cal, les lluites per disminuir les ràtios i per tenir edificis i espais suficients i en condicions, però no només per la pandèmia. Ho hem de reivindicar per poder fer un ensenyament de qualitat. La Covid ha evidenciat o ha fet més patents unes mancances que ja hi eren.

● Hem de reivindicar un augment de personal docent i no docent als centres escolars. I em sorprèn que no s’insisteixi suficientment en l’augment de les persones que es dediquen a la neteja. Ja ha passat al sector sanitari, han estat massa oblidades. A la majoria de centres públics és insuficient el nombre actual de treballadors i treballadores que netegen cada dia les aules i els altres espais. El proper curs farà falta augmentar molt les hores de neteja i desinfecció. És un dels elements que poden donar seguretat i confiança. Caldrà estar-hi amatents i reconèixer la tasca que fan.

● És lògic que tinguem prevenció als possibles contagis, però hem de pensar que convivim amb altres malalties tant o més greus que el coronavirus. La contaminació que respirem, l’alimentació insuficient, alguns estils de vida, la pobresa, l’atur, la marginació, els racismes, els habitatges insalubres… perjudiquen la nostra salut, la del nostre alumnat i les seves famílies i ens hauria de preocupar (o espantar) tant com el virus que ens obsessiona.

Hem de buscar una salut completa: un benestar físic, mental i social, no només no contagiar-nos. Pot ser més perjudicial l’aïllament o la manca d’abraçades. No és casualitat que malgrat dir i escriure que la Covid no entén de fronteres ni de classes socials, els contagis i les morts afecten en major proporció les persones i països més pobres.

09 de juliol 2020

Màster Criança 0-3 i acompanyament a les famílies en xarxa 2020-2021

Màster Criança 0-3 i acompanyament a les famílies en xarxa 2020-2021










Inici de la docència: 9 d'octubre de 2020.
Lloc: Semipresencial. Campus Mundet de la Universitat de Barcelona.

L’etapa que s’inicia amb la gestació fins als 3 primers anys és una de les més transcendentals del cicle vital. Alhora, el naixement, el post-part i els primers mesos de vida conformen un període crític, tant per als infants com per als progenitors, ja que amb el primer fill o filla ens convertim en mares i pares, i la família es transforma profundament.

La complexitat que comporta la criança és universal. Totes les persones, quan transitem per aquesta etapa de la vida, som vulnerables i necessitem suport material, emocional, orientacions educatives i reconeixement social i polític. Les necessitats dels infants i progenitors durant aquest període són úniques i específiques. Per això, també úniques i específiques haurien de ser les respostes polítiques adreçades a la petita infància i les famílies.

Existeix un consens generalitzat en destacar els beneficis d’una parentalitat positiva i una criança responsiva. Per a tal fi, totes les mares i pares -en tant que principals educadors-necessiten sentir-se acompanyats i que formen part d’una àmplia xarxa de suport que va més enllà de la que algunes famílies poden trobaren els Serveis de Pediatria i Escola Bressol, com és el cas dels Espais Familiars.

En definitiva, l’acompanyament a les famílies amb infants entre els 0 i 3 anys suposa un repte psico-educatiu i sociopolític de gran magnitud, com a conseqüència d’una major diversificació i complexitat de la pròpia estructura i organització familiar, laboral i social. La igualtat d’oportunitats entre famílies i entre homes i dones dependrà en gran mesura de la inversió que fem, tant en polítiques adreçades a la petita infància com en la formació i especialització dels professionals.

Aquest màster ofereix les estratègies i els recursos per tal que l’acompanyament professionalitzat sigui competenti satisfactori, tant per a les famílies (infants i adults) com per als professionals.

OBJECTIUS
Aprofundir en els coneixements específics sobre el desenvolupament evolutiu dels infants i les seves necessitats.
Adquirir coneixements específics sobre els processos de formació de la parella, la gestació, el naixement, la maternitat, la paternitat, la criança i l’educació en el context familiar.
Identificar les condicions que afavoreixen una criança saludable i responsable.
Reforçar les competències per l’apoderament dels pares i mares, tot incrementant el seu grau de confiança per criar i educar les filles i fills.
Formar nous professionals per acompanyar a dones i homes en l’assumpció d’una nova identitat quan es converteixen en mares i pares, ajudant a comprendre tant les pròpies necessitats i estats emocionals com les dels seus fills i filles.
Adquirir estratègies i habilitats per al treball en grups de suport a la criança amb infants i famílies.
Capacitar nous professionals per intervenir preventivament en l’àmbit de la petita infància, potenciant la consolidació d’un vincle afectiu de qualitat i un entorn adequat per al desenvolupament dels infants.

Aquest Màster és un títol de la Universitat de Barcelona, en col·laboració amb el CEESC i reconegut pel Departament de Treball, Afers Socials i Famílies de la Generalitat de Catalunya com a Formació d’Interès en Serveis Socials.

Inscripcions obertes fins al 8 d'octubre de 2020.




Informació bàsica
Inici de l'activitat 09-10-2020
Finalització de l'activitat 30-06-2021
Localització Barcelona

08 de juliol 2020

TALLER D'ARTISTA: Volem fer saber. Del cosit a la paraula


Data: Dimecres, 8, 15 i 22 de juliol, de 16 a 19 hores.
Lloc: A distància. Plataforma Eteams.

TALLER D'ARTISTA, a càrrec de Sandra March

Taller d'artista emmarcat en la programació del Projecte Javelina, adreçat especialment a treballadors i treballadores del món sanitari i social.

La proposta del taller és manifestar, a partir del cosit i el brodat, el nostre malestar, expressar de manera creativa les nostres queixes puntada a puntada, denunciar a partir del sargit, amb l’objectiu de construir una publicació conjunta tèxtil elaborada amb els pedaços de teles brodats dels participants.

A càrrec de: Sandra March. L’objectiu de l’obra de Sandra March és fer universals les històries quotidianes, i convertir els petits gestos i les accions més comunes en protesta i denúncia social. Treballa a partir de projectes artístics multidisciplinaris, que es concreten en instal·lacions, accions i publicacions, amb el cos, la biografia i el gènere com a fils conductors i emprant els formats populars per introduir l’art en altres contextos que no són els tradicionals. Llicenciada en Belles Arts i Filosofia, i diplomada en Magisteri per la Universitat de Barcelona, el seu treball s’ha exhibit a museus principalment d’Europa i els Estats Units. Ha viscut a Miami i a París, i actualment resideix a Barcelona.

Activitat gratuïta.


Més informació a: educaciolapanera@paeria.cat

Informació bàsica
Inici de l'activitat 08-07-2020 16:00
Finalització de l'activitat 22-07-2020 19:00
Localització Barcelona

06 de juliol 2020

«Los niños han echado de menos a sus amigos y han acabado hartos de deberes» per Víctor Saura

«Me gustaría que en septiembre las escuelas no se preocuparan por saber si sus alumnos se acuerdan de las clases que han recibido por pantalla o de lo último que aprendieron antes de la cuarentena, sino de todo lo que han aprendido estos meses en casa, que han sido muchas cosas». Hablamos de la pandemia y sus consecuencias con Francesco Tonucci.

Tengo 80 años y es la primera vez que he vivido una experiencia así, imagínate lo que ha sido para los niños”, comenta Francesco Tonucci, pedagogo italiano, alter ego del dibujante Frato, y una de las voces mundialmente más respetadas en materia de infancia. La cuarentena le ha dejado recluido en casa durante tres meses y le ha aclarado la agenda, pero ha estado tan activo como siempre en su lucha por que los adultos escuchemos más a los niños, sin filtros ni prejuicios. Y que las ciudades se desarrollen pensando en ellos y no en los coches o las prisas. Hace unos días Tonucci participó en un webinar sobre la importancia de la participación infantil en el marco del proyecto Alimentando el Cambio, que promueven la Fundación Ashoka y Danone, junto con la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y el Ministerio de Educación y FP.

¿Cómo ha llevado estos meses?
Los viejos y los niños hemos sido los más afectados por este virus. Nosotros, porque el virus nos mata, y los niños porque no podían entenderlo. Yo he estado tres meses encerrado y sin ver a mis hijos ni mis nietos, y lo raro fue ver cómo mi agenda, que en marzo estaba llena de viajes y compromisos, se vació de repente. Aunque ahora ya se ha vuelto a llenar. Lo que me sorprendió mucho es que, en esta situación de dificultad y de crisis, se ha generado una audiencia mucho mayor de la habitual. Yo he participado en conferencias virtuales en las que había 70.000 y 100.000 personas escuchando. Para llegar a un público así yo tengo que viajar mucho, y cada vez me cuesta más hacerlo. En realidad, cada vez que se borra un viaje de mi agenda para mí es una pequeña alegría.

¿Qué lecciones deberíamos sacar de esta situación?
Antes de que empezara esto todos estábamos, por suerte, reflexionando y preocupados por el medio ambiente. Pero ahora parece que esa preocupación ha desaparecido, Greta ya no es noticia, sino algo del pasado. Y sin embargo es un tema que sigue ahí, encima de nosotros, con toda su gravedad. Y probablemente las dos cosas estén relacionadas, y no sea casual que donde más ha afectado el virus es donde más contaminación hay. Es decir, en nuestras ciudades más desarrolladas y más ricas. Este es un virus rico, que viaja en avión, y por eso llega rápido y a todas partes, mientras que antes los virus eran más lentos porque viajaban en barco. Pero, a la vez, ha afectado especialmente en los lugares de mayor masificación, donde vive la gente en peores condiciones. Y esto me lleva a pensar que ocurre lo mismo en las zonas de monocultivos intensivos, en los que es más probable que ocurra algo grave. Y que sobre todo este virus ha afectado donde tenemos el monocultivo de ancianos, en las residencias. Es decir, la pérdida de diversidad se convierte en debilidad. Y esta lógica vale también para la escuela, que establece grupos de edad homogéneos, lo cual la vuelve más frágil.

¿Los niños no deberían estar agrupados según su año de nacimiento?
Por supuesto que no, por el principio que comentaba: a menor diversidad mayor empobrecimiento. El error de tener niños iguales es que te lleva a pensar que efectivamente son iguales. Y no lo son, pero lo pensamos, y los libros de texto y los programas escolares están hechos con este criterio. No hay ninguna otra experiencia en nuestra vida cotidiana donde se reproduzca este esquema de grupos homogéneos de edad. Ni en la familia, ni en el trabajo… Siempre que doy una charla en un teatro le pregunto al público cómo se sentiría si, al entrar, a cada uno le mandáramos a una fila en función de si está en los treinta, los cuarenta o los cincuenta años. No tendría sentido y más de uno se rebelaría.

Las dos principales referencias de mi formación como maestro y pedagogo son de clases en las que había mezcla de edad. En primer lugar, la experiencia de Freinet, un maestro que en tiempos de entreguerras tenía un aula de 40 niños de 4 a 16 años y que tenía muy poca voz y salud, porque era tísico, y al que con sus 10 minutos de voz al día no le quedó más remedio que imaginar una escuela en la que los alumnos se enseñaran entre ellos. La otra experiencia es la de Don Milani y su escuela de Barbiana, cerca de Florencia; también él era una persona enferma, que murió joven, y también aquí los mayores ayudaban a los más pequeños. Y en ambas experiencias los mayores también aprendían cosas de los pequeños.

Desde hace años el lugar de los amigos es la escuela, cosa que es una equivocación grave, porque el lugar de los amigos tiene que ser la calle

Algunas voces han considerado que los niños han sido los grandes olvidados de esta crisis.

¿Comparte esta opinión?

Totalmente. Es lo primero que denunciamos desde el proyecto de la Ciudad de los Niños. En Italia, casi la mitad de los 30.000 muertos son ancianos que vivían en residencias, pero desde el principio todos notaron que los niños y las niñas eran los que vivían esta experiencia de la manera más difícil, porque era difícil para ellos entender el sentido y soportarlo. Vivir encerrados en casa, sin poder conectar con sus amigos… Cuando en Italia se empezó a hablar de los niños lo que nos sorprendió es que empezaron a salir en televisión mis colegas psicólogos para dar consejos a los padres y mis colegas pedagogos para dar consejos a los maestros. Y nadie pensó en hablar con los niños. Nosotros lo primero que hicimos fue invitar a los alcaldes de las ciudades de nuestra red internacional a hablar con los niños, a enviarles mensajes y convocar los consejos de niños y niñas. Y entonces empezamos una investigación, proponiendo un cuestionario a estos niños y niñas para que nos dieran su punto de vista de lo que estaba pasando. Y salieron tres elementos, que fueron siempre los mismos al margen del país donde se realizó la encuesta. El primero es que los niños echaban de menos a sus amigos. A veces escribían que extrañaban la escuela, y algunos periodistas explicaron que, por primera vez, los niños echan de menos su escuela, pero en realidad era a los amigos. Lo que pasa es que desde hace años el lugar de los amigos es la escuela, cosa que es una equivocación grave, porque el lugar de los amigos tiene que ser la calle. Hace poco Frato dibujó una viñeta en la que se decía que de la escuela han desaparecido los recreos, las entradas y salidas… y se han quedado solo los deberes y las clases. Es decir, que la escuela ha quedado reducida a lo que no gusta.

¿Y qué otras dos cosas decían los niños?

Lo segundo que dicen es que lo han pasado bastante bien con sus padres, es decir, que nunca antes habían tenido a sus padres tanto tiempo para ellos, y que la experiencia les ha gustado, porque han hecho y han aprendido cosas juntos. Y lo tercero que salió es que están hartos de deberes, y están cansados y aburridos de seguir clases a través de una pantalla.

La primera semana parecían unas pequeñas vacaciones, porque iba a ser poco tiempo, pero luego ya se vio que iba para largo, y claro, había que seguir el temario…

Yo me atreví a proponer a la escuela que considerase la casa como un laboratorio; es decir, si el mundo de los niños se ha reducido a su casa, y lo están pasando bastante bien con sus padres, ¿por qué no pedimos a los padres que ayuden a la escuela, asumiendo una especie de papel de asistentes en este laboratorio nuevo que es la casa? Había que cambiar la naturaleza de los deberes y renunciar por un tiempo al programa, los libros de texto y los deberes tradicionales. Hagamos otra cosa. Pidamos a los padres que ayuden a la escuela, pero para hacer con sus hijos las mismas cosas que hacen siempre: poner una lavadora, tender la ropa, plancharla, cocinar… La cocina se tenía que considerar como un laboratorio de ciencias, y que un maestro les dijera a sus alumnos que para mañana el deber es preparar una pasta, y que cada semana haremos un plato diferente, y la escuela trabajará sobre estos deberes, porque trabajará sobre la matemática de la pasta, las cantidades, el peso, la duración de la cocción, la temperatura… o incluso el lenguaje de la receta… Esto se lo propuse a muchos países.

Ya sabemos que es difícil convencer a los maestros de que dejen sus costumbres. Yo les decía que estamos en un momento raro, y nadie os controla demasiado, con lo que podéis aprovechar para intentar una cosa nueva, y que si funciona, adelante, y si no lo hace, cuando vuelvas a la escuela vuelves a lo de siempre. Me consta que quien lo probó lo valoró muy bien, porque este laboratorio gustó a los niños y también a las familias, ya que no tenían que ayudar a los hijos a hacer cosas que no sabían hacer. Y, sobre todo, gustó a quienes tenían situaciones más complicadas de falta de dispositivos. Pero esta fase ya está acabada y ahora nos asomamos a la segunda, que es pensar qué hacemos ahora.

Eso le quería a preguntar. Aquí ha habido un debate muy fuerte porque la mayor parte de niños estarán seis meses sin pisar su centro educativo, ya que en España se han abierto los centros en junio pero de forma muy limitada, han ido muy pocos alumnos.

En Italia no se ha abierto nada.

Pues aquí hay quien sostiene que esa desconexión de tantos meses traerá mayor desigualdad y un incremento en la tasa de abandono escolar prematuro. Me gustaría saber su valoración.

No sé si eso ocurrirá, pero si lo hace sería una prueba de que la escuela no es la que se necesita. Uno no pierde a sus amigos por estar seis meses sin verles, al contrario, cuando les vuelves a ver es una fiesta. Si la escuela pierde alumnos porque ha ocurrido este incidente significa que no era lo que la ley ofrece y promete, y luego diré por qué me refiero a la ley. Yo creo que en este tiempo los niños y las niñas han aprendido mucho, y me gustaría que la escuela ahora no se preocupara de saber si se acuerdan de las clases que han tenido por pantalla, o si se acuerdan de lo último que aprendieron antes de la cuarentena. Me gustaría que trabajara intensamente sobre todo para saber lo que ganaron en términos de competencias. En nuestros cuestionarios muchos niños han dicho que han aprendido a cocinar, o a quedarse solos, o a hacer menos cosas que las deseadas… ¡Esto son temas enormes! A nivel emocional se puede trabajar muchísimo, han tenido que asistir a escenas impresionantes, con montones de muertos, y es probable que muchos niños hayan perdido a alguien de su familia. Hay que reflexionar sobre esto y es un trabajo enorme al que creo que la escuela tiene que sumarse. La escuela no tiene que hacer psicología, yo nunca les he pedido a los maestros que hicieran de psicoterapeutas, pero hay que exigirles que el mundo entre en la escuela. Por eso propuse la casa como laboratorio, porque el mundo de los niños había quedado restringido a su casa. Una sugerencia que daba durante el confinamiento es que los niños tuvieran un diario secreto, un lugar donde desahogar sus sentimientos, alguien con el cual hablar, y, si querían, tenerlo secreto. Porque los niños lo van a olvidar todo, tienen una capacidad de resiliencia más fuerte que la nuestra, pero han vivido una experiencia muy rara y tener memoria de esta experiencia puede ser interesante para ellos, para reelerlo pasado mañana con sus hijos.

Una buena escuela debe tener las puertas abiertas para que puedan entrar las experiencias de los niños

Dice que los maestros no tienen que hacer de psicólogos, pero a la vez se da mucha importancia al acompañamiento emocional que tendrán que hacer en septiembre, para poder evaluar las secuelas que este periodo haya podido dejar en cada uno de sus alumnos. ¿Esto no les obliga a ser un poco psicólogos?

Las emociones forman parte del mundo de los niños, y como tal son competencia de la escuela. La cuestión es si la escuela se ocupa únicamente de sus disciplinas o si lo hace del mundo de los niños. En mi opinión, una buena escuela debe tener las puertas abiertas para que puedan entrar las experiencias de los niños. En este caso ha sido lo que han vivido dentro de casa, pero espero que mañana sea lo que vivirán fuera de casa y de la escuela. El mayor regalo que podrían tener los niños después de esto es que sus padres les den más autonomía, para que en su memoria se junten la tristeza del confinamiento con la conquista de la autonomía, esa sería la mejor forma de que les quede un buen recuerdo de esta experiencia. Y esto también vale para la escuela. Freinet propuso el texto libre, que es exactamente esto: si te ha ocurrido algo importante fuera de la escuela, escríbelo y llévalo a la escuela. La escuela tiene muchas fuentes, pero la más importante debería ser el mismo niño. Por lo que, claro, el niño tiene que explicar sus emociones, pero esto no es un tema de psicología, el maestro no tiene que tratar de interpretarlas, sino facilitar que se puedan expresar.

¿Qué le ha parecido la gestión de los distintos gobiernos en relación a la pandemia y la infancia? ¿Ha tenido la ocasión de comparar lo que hacían en distintos países?
He notado una sensibilidad distinta en distintos países. En países como Nueva Zelanda o Suecia las autoridades han celebrado encuentros virtuales con niños. También vi que en España hacían algo así. En Argentina me llamó el ministro de Educación, al que yo no conocía, y me pidió que le explicara lo que pensaba, y luego organizó un encuentro público en el que participaron más de 100.000 personas. En Italia, en cambio, nada de esto ha ocurrido. Lo hicieron algunos alcaldes respondiendo a nuestra invitación, pero a nivel nacional no.

Pero lo que estoy viendo, sobre todo, es que estamos pensando en cómo podemos volver a lo de antes. Y, por tanto, lo que ahora nos preocupa es qué cosas raras tenemos que hacer durante este tiempo de espera provisional, que esperemos que sea breve. Ahora mismo se van a abrir los cines, y se están preparando para que haya siempre espacio entre butacas. Esto no es preparar algo distinto para mañana, sino pasar la temporada problemática a la espera de volver lo más pronto posible a lo de antes, a cuando sea posible ocupar todos los sitios. Y así en cualquier ámbito. Y lo mismo está ocurriendo en educación, lo cual me parece un error. Los de la sala de cine pueden pensar que lo que tenían antes ya estaba bien, pero no entiendo cómo la escuela puede pensar lo mismo. En una encuesta que se hizo pública durante la cuarentena, Italia aparecía en el penúltimo lugar en un ranking de analfabetismo funcional. Tenemos un 30% de jóvenes que son analfabetos funcionales, es decir, que aprendieron a leer y a escribir, pero que ni escriben ni leen. También tenemos en Italia un porcentaje muy alto, mayoritario, de niños que no quieren ir a la escuela, que sufren cuando van a la escuela, y algunos lo somatizan hasta ponerse enfermos. La mayoría se aburre, y cuando un niño se aburre en la escuela tampoco aprende o su aprendizaje es superficial. Con este resultado, si en lugar de una escuela fuera una empresa, debería cerrar. La Seat no podría existir si el 30% de sus coches salieran mal de la fábrica. Einstein decía que si queremos que algo cambie no podemos seguir haciendo siempre lo mismo. Pues ahora lo que estamos haciendo son cosas raras, como dividir un grupo en dos, para poder seguir haciendo lo de antes cuando todo pase.

Antes me hablaba de la ley ¿A qué se refería?
El psicopedagogo Jerome Bruner decía que lo peor de la escuela es que los niños se aburren y que de esto hay que salir a toda costa, porque, decía, si se aburren no puede ser educación. Por eso, para no hablar de deseos que vayan a ser calificados de utópicos yo me refiero a la ley. En la Constitución italiana se dice que el objetivo de la educación es el pleno desarrollo de la personalidad, y este principio está recogido también en el artículo 29 de la Declaración de los Derechos del Niño, que es un tratado internacional y está por encima de las legislaciones nacionales. El artículo de la escuela es el 28, ahí se habla de la escuela pública, gratuita y obligatoria. Pero el artículo 29 habla de educación, e involucra las responsabilidades de la familia y de la escuela. Me gustaría que se asumiera este artículo como una refundación de una nueva relación entre familia y escuela, querría ver a estas dos entidades sentadas en una mesa, leyendo este artículo y preguntándose: “¿Cómo lo hacemos?”. Porque el artículo habla de desarrollar la personalidad de los niños, y sus aptitudes psíquicas y físicas hasta el máximo nivel posible. Y esto, lo que significa no es que los niños consigan los resultados que han previsto los adultos, sino que cada uno pueda descubrir su vocación y recibir por parte de la familia y de la escuela las herramientas para poder desarrollarla hasta el máximo nivel posible. Diversos autores le han puesto nombres distintos a esto que la ley llama aptitudes. Yo lo llamo “aquello para lo uno ha nacido”. Con lo cual, la escuela no puede ser solo la de la lengua y las matemáticas, porque si es así va a excluir a muchos alumnos. No los va a expulsar, pero los va a excluir.

La escuela no puede ser solo la de la lengua y las matemáticas, porque si es así va a excluir a muchos alumnos

¿Pero entonces cree o no cree que va a haber algún cambio, o que volveremos a lo de antes?
Un consejero de Educación de una comunidad autónoma española me preguntó lo mismo. ¿Cómo puedo favorecer el cambio?, me decía. Presuponía que la mayoría de los maestros no quiere cambios y que solo una minoría se atreve a hacer cosas. Yo le contesté que es muy sencillo: usted tiene que ponerse al lado de los que cambian, que los que cambian se sientan privilegiados, apoyados por el consejero, por le ministro; es decir, yo no puedo obligar a todo el mundo a cambiar, pero sé que la escuela lo necesita, los niños lo necesitan y la ley lo pide, pues aquellos que se pongan manos a la obra tendrán más apoyo, y llegarán a ser ejemplos para que más personas se muevan.

¿En qué dirección deberían ir esos cambios?
La escuela que yo imagino no está hecha de aulas. Pensar en aulas supone utilizar menos de la mitad del espacio de la escuela, y además son espacios cerrados, todas iguales, con el mismo mobiliario, y volvemos a lo de antes, si no hay diversidad no hay vida. En la casa cada espacio tiene una finalidad muy clara, y lo mismo en los espacios donde trabajan los científicos, los artistas, los artesanos… Lo que yo propongo es renunciar a las aulas para tener laboratorios, de manera que cualquier espacio de la escuela se aproveche para hacer cosas distintas.

Pero no es solo la escuela la que se tiene que hacer cargo de la reapertura, esto es cosa de toda la comunidad. Lo que propongo es que se cree una mesa que no sea ministerial, sino de ciudad, en la que se sienten el alcalde, los docentes, los padres y los alumnos… ¡es muy importante que no falte nadie! En Italia estamos esperando a que sea la ministra quien nos diga cuáles son las reglas nuevas. Si a los niños les damos reglas que vienen de arriba intentarán librarse de ellas, siempre ha sido así, es casi imposible que respetes una regla que no reconoces como tuya.

Como ha participado en el webinar de ‘Alimentando el cambio’ imagino que en el ámbito de la alimentación también pensará que hay que cambiar cosas.

De todas las cosas que se están diciendo en Italia, posiblemente la que más me gusta es la propuesta de que se coma en el aula. Yo hace 50 años que lo digo, porque siento una gran aversión hacia los comedores escolares.

¿Y eso?
Muchos de los problemas de la mala alimentación tienen que ver con el comedor. Son lugares donde se concentra demasiada gente, hay demasiado ruido, y se tira demasiada comida ¡Todo es negativo! La comida tiene que ser un momento de placer, de estar a gusto, de estar juntos, de compartir un tiempo… Y de hacerlo con mucha autonomía. En muchas escuelas te dicen lo que tienes que comer, cómo y en cuánto tiempo. Cuando yo pregunto por qué os gusta el comedor, muchas veces me contestan que allí los niños pueden socializar, pero eso es absurdo, porque en una comida socializas con los cuatro que tienes al lado. Cien niños en un comedor no tiene nada que ver con socializar.

Yo hace muchos años fui responsable de formación de una escuela infantil en Livorno, en la que pasamos a comer en las aulas. Y el comedor lo transformamos en un estupendo taller de arte. Y como las cocineras no querían servir a los niños, solo llevaban a las aulas las fuentes con la comida, con lo que los niños se levantaban con su plato y se servían de lo que querían y la cantidad que querían, y tras unos cuantos días de aprendizaje ya no se tiró nada de comida. Comían lo que se servían y lo pasaban muy bien, preparaban las mesas… fue un cambio total.

Aprendiendo a volar

Susana Martín / ICAL . Yoana Martín Sánchez, responsable del piso del Proyecto Acompaña en Salamanca junto a Mamadou, uno de los beneficiari...