¿Qué podemos hacer cuando hay un alumno que no deja hacer clase?

En los últimos tiempos parece que se han incrementado los comportamientos de alumnos o de grupos que distorsionan el clima del aula y deterioran las relaciones que se dan en ella y atrasan el aprendizaje. Son lo que llamamos disrupciones, actualmente una de las principales preocupaciones del profesorado.
Como profesorado vivimos las conductas conflictivas en el aula (disrupciones) con angustia y desesperación, las sentimos como una pérdida de autoridad que no nos permite desarrollar nuestra tarea. Aún y así, a pesar de la incomodidad que generan, deberíamos pensar en el motivo que las origina y en cómo podemos ponerle remedio: si algunos alumnos se expresan de forma tan contundente ¿qué es lo que realmente necesitan expresar? Desde una actitud educadora tendríamos que saber escucharles y tratar de dar respuesta al problema.


Conductas disruptivas en un centro educativo
Tabla inspirada en el artículo “Convivencia y conflictividad en las aulas –Análisis conceptual- de Pedro Mª Uruñuela Nájara. Congreso “Disrupción en las aulas”. Madrid, noviembre 2006.
  Conductas conflictivas que afectan a la 

  escuela a nivel de centro de aprendizaje
  Conductas conflictivas que afectan al centro

  como espacio de convivencia
  Mostrar bajo 
  rendimiento
  Pasividad, desinterés, apatía
  Faltas de
  respeto al
  profesorado
  En general
  No traer el material
  Desobedecer una indicación de forma
  reiterada
  Permanecer fuera de clase
  Contestar de forma impertinente y
  reiterada
  Boicotear exámenes o
  ciertas actividades
  Conflictos 
  de poder
  Desafío a la autoridad
  Molestar en 
  clase
  Hablar, no respetar el silencio
  Incumplimiento de sanciones, o no
  aceptar las consecuencias
  Levantarse y moverse por el aula  Violencia  Física
  No dejar explicar al profesor  Verbal
  Interrumpir con bromas, risas 
  y chorradas
  Simbólica
  Molestar a los compañeros, no 
  dejarles estudiar
  Contra objetos
  Absentismo  Sexual
¿Cómo interpretarlas?

 Pueden ser señal de gran distancia entre los conocimientos del alumnado y lo que imparte el profesorado. El currículum está lejos de los saberes del alumnado, que no sabe cómo conectarse con él. Debemos reflexionar sobre la necesidad de revisar el currículum y/o la forma de impartirlo.
 Puede ser que el alumnado tenga problemas personales que no le permitan concentrarse en el aprendizaje.
 Pueden mostrar falta de acuerdo entre el profesorado para identificar las conductas disruptivas. No para todo el mundo es lo mismo, y en consecuencia no todo el mundo responde de la misma manera. Puede ser indicio de la falta de coherencia y de trabajo en equipo entre el profesorado.

 Puede ser señal de que el alumnado no sabe relacionarse adecuadamente, le falta educación y habilidades sociales.
 Puede ser que el alumnado no sepa asumir la necesidad de las normas como la manera de organizar la convivencia.
 Puede ser indicio de una organización de centro basada en una distribución del poder poco equitativa, en un modelo de dominación- sumisión.
 Puede mostrar la debilidad y el poco consenso entre el profesorado respecto a lo que son conductas conflictivas (disrupciones).



En conclusión, principalmente existen dos factores sobre los que poner la atención:

- La situación personal del alumnado que presenta conductas conflictivas: a causa de una situación personal problemática, o porque muestra falta de habilidades sociales y de relación.
- El alumnado no siente como útil ni interesente lo que el centro le ofrece: ¿qué les ofrecemos (qué conocimientos, qué currículum)?, ¿cómo se lo ofrecemos (con qué metodologías, desde qué tipo de relaciones)?

¿Cómo responder?

Para responder a estas cuestiones, debemos centrarnos en saber cuáles son los factores internos del centro que influyen sobre ellas y mejorarlos, en lugar de atribuir las causas únicamente a factores externos. Suelen existir factores externos que condicionan mucho, y es importante tenerlos en cuenta, pero es necesario además poner atención en esos ámbitos en los que podemos intervenir, puesto que esta es la única manera que tenemos para mejorar la situación.

Los factores internos de centro que influyen en las conductas conflictivas son cuatro: el currículum, la estructura de centro y de aula, el estilo docente y las relaciones entre las personas que conviven en el centro.


1. Investigar cuáles son las necesidades o dificultades del alumnado. Tras comportamientos insociables acostumbran a esconderse necesidades importantes no satisfechas y baja autoestima o falta de habilidades sociales para relacionarse positivamente. Es entonces que el educador debe superar la valoración del alumno o la alumna, fundamentada únicamente en los comportamientos visibles, y esforzarse en descubrir las necesidades profundas de esa persona para ayudarla para encontrar el modo de satisfacerlas.¿Cómo?• Haciendo que sienta que nos preocupamos de él o ella. Reconociendo que, más allá de la conducta conflictiva, cualquier persona es digna de estima y merece ser tratada dignamente. Albergando expectativas positivas, tanto hacia ella como hacia lo que le pedimos.

• Relacionándonos mediante una comunicación eficaz, una actitud y un lenguaje cuidadosos que aseguren el respeto a la persona y la superación de etiquetas.

• Mostrándonos como personas, más allá del rol de profesores/as. Reivindicando el respeto desde la relación persona a persona, a la vez que desde el rol profesor/a – alumno/a.

• Promoviendo situaciones en las que esta persona pueda tener experiencias controladas en las que poner en juego habilidades sociales para mejorarlas (aprendizaje cooperativo, debate y discusión entre compañeros, asambleas de clase, etc.)

• Pidiendo ayuda y orientación a los equipos psicopedagógicos.

• Como educadores, participando de actividades de formación personal para la mejora de la comunicación, la relación educativa y la transformación de conflictos.

• Organizando espacios y tiempos específicos para tutorías individualizadas de forma periódica. El uso de tutorías entre iguales también es un buen recurso.

• Hablando con la s familias y animándolas a impulsar una estrategia compartida. Buscando canales de comunicación fluidos desde los que trabajar de forma conjunta.

2. Analizar el propio estilo docente, y buscar formas de mejorarlo. Es decir, tomar conciencia de que la forma de dar clase, de comunicarnos con el alumnado o de abordar los conflictos en el aula, puede promover o controlar las conductas disruptivas.¿Cómo?• Replanteando el concepto tradicional de autoridad. La autoridad es el uso en positivo del poder, lo cual conlleva que te la reconozcan los otros. Un profesor tendrá autoridad cuando su alumnado lo perciba como alguien en quien puede confiar, alguien que lo guía en su proceso de aprendizaje desde el respeto, la confianza en las propias capacidades y la correcta orientación en los momentos en los que el alumnado así lo requiera. Todo ello se consigue mediante la coherencia, el respeto a las normas igualitarias, la capacidad de diálogo y la transformación de conflictos. Además de la capacidad de organizar procesos de aprendizaje que chicos y chicas puedan seguir e integrar. Todos los recursos y técnicas dirigidas a dar herramientas al profesorado para actuar desde tales parámetros incrementarán su poder de referente, y por tanto su autoridad.
3. Aprender a separar persona de problema. Tendemos a confundir las personas implicadas en un conflicto con el problema que compartimos. La consecuencia es que a menudo, en lugar de eliminar el problema, eliminamos la persona con la que lo tenemos, y mostramos actitudes violentas hacia ella (exclusión, culpabilización, castigo, etc.) Si el poder está en desequilibrio, hay desconocimiento mutuo y un clima de desconfianza, este hecho se vuelve todavía más patente. Es importante, pues, superar esta situación, sobretodo en el contexto educativo por las connotaciones que tiene.
¿Cómo?• No hablando de alumnado conflictivo/disruptivo, sino de alumnado con conflictos o conductas disruptivas.

• Poniendo la atención en las causas de estos comportamientos (las necesidades del alumnado), y no únicamente en las consecuencias (las dificultades para dar clase).

• Superando la percepción de que ‘lo hacen para molestarnos’, y entender que ‘lo hacen para expresar una necesidad que no saben identificar o no pueden reconocer’. Mostrando una actitud educadora frente a situaciones así.

• Tomando conciencia de que, si no conseguimos responder a las necesidades de nuestros alumnos y alumnas, difícilmente superaremos las conductas disruptivas. Buscando las estrategias, recursos y apoyos, internos y externos, que nos permitan mejorar la situación.


4. Promover el intercambio y el apoyo mutuo entre el profesorado. Existen diversas formas de responder a las conductas conflictivas. Compartirlas y analizarlas conjuntamente puede dar muchas pistas para unificar criterios frente al alumnado, y proporciona apoyo entre el profesorado.¿Cómo?• Consensuando lo que se entiende por conducta conflictiva y los comportamientos que en ella se incluyen.

• Pensando medidas de ayuda para el profesorado con problemas en el aula (observándonos, analizando las estrategias que empleamos, etc.)

• Creando un ambiente de confianza, cooperación y apoyo entre el profesorado que permita ir ‘todos a una’ y trabajar desde la coherencia con las normas y a partir de la creación de un buen clima en las aulas.

• Consensuar a nivel de claustro conceptos como disciplina, conflicto o el sentido y valor de las normas.

5. Trabajar por equipos docentes. Plantear el trabajo con un grupo clase como trabajo de equipo entre todo el profesorado que imparte clase en él, con el apoyo del equipo psicopedagógico y la dirección.¿Cómo?• Garantizando una coordinación periódica que permita realizar un buen seguimiento pedagógico del grupo y de cada una de las alumnas y alumnos.

• Adoptando criterios comunes frente a casos concretos de alumnado con comportamiento disruptivo.

• Trabajando desde la corresponsabilidad en la tutoría. Conviene evitar responsabilizar únicamente al tutor de los problemas del grupo.

• Analizar las reacciones de los miembros del equipo docente para ver cuáles son las más efectivas para poder aplicarlas conjuntamente.

6. Implicar al alumnado en el establecimiento de las normas de convivencia. Dar responsabilidad a alumnos y alumnas en la organización de la propia convivencia facilita que otorguen mayor legitimidad a las normas pautadas, y por lo tanto que las respeten mucho más.
7. Organizar el aula a través de metodologías participativas y cooperativas. Hacer al alumnado protagonista de su proceso de aprendizaje, en cooperación con las compañeras y compañeros, les permite trabajar habilidades sociales, corresponsabilizarse del propio trabajo y del de los compañeros, y fomentar interrelaciones positivas. Además les ayuda a seguir un ritmo de trabajo adecuado a sus posibilidades personales, es decir, adecuar el currículum a su ritmo. Es un recurso fundamental para atender la diversidad.
8. Promover la formación de grupo. Trabajar para crear un clima de estima, confianza y apoyo facilita la buena integración de todo el alumnado, y por lo tanto favorece relaciones interpersonales positivas.¿Cómo?• A través de actividades a principios de curso en el plan de acogida. Algunos estudios indican que los meses en los que se observa el grado más alto de conductas disruptivas son octubre y noviembre. El alumnado necesita clarificar objetivos, normas y pautas de trabajo, además de sentirse en un clima socioafectivo positivo.

• Mediante el plan de ’acción tutorial. Este es el espacio idóneo para impartir contenidos referentes a habilidades sociales y transformación noviolenta de conflictos.




Congreso “La disrupción en las aulas: problemas y soluciones”. Recopilación de artículos con reflexiones teóricas y experiencias prácticas sobre cómo superar las conductas conflictivas. Se organizan en cuatro grandes temas: el estilo docente, el currículum, las interrelaciones personales y la estructura de centro.
Pedagogia sistèmica. Mercè Traveset. Un nuevo paradigma educativo que da elementos para reflexionar sobre la disrupción.

http://escolapau.uab.cat/castellano/convivencia/ficha04.php


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